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con el general Blanco, con Echaluce, con Aguirre y demás generales de vuelta, lia sostenido larga plática con los representantes de las comunidades religiosas, cuyo influjo entre los tagalos ha sufrido larga y sangrienta solución de continuidad. Ni problemas tácticos, ni dificultades de logística preocuparán en sus ocios de camarote al nuevo gobernador general de Filipinas. Mirará al mar, pensará en el cordonazo de San Franciscos y eso será todo. Realmente, cuando el nuevo caudillo desembarque, se encontrará con que ya no hay laureles que cortar; las hoces de Polavieja y de Lachambre no han dejado ni siquiera una hoja de laurel para el puchero; mas j- a que no haya ramas de laurel (símbolos de victoria) h a b r á de seguro ramas de oliva (símbolo de paz) y quien cortare éstas no será campeón menos glorioso que los que cortaron aquéllas. Aguardemos á que la política dé sus frutos en uno y otro confín y no han de faltar noticias entretanto, porque el celo reporteril se encarga de comunicarnos la impresión de todos los que regresan de Cuba y de Filipinas. He tenido el gusto de conferenciar, dicen todos los días los corresponsales espontáneos, con u n corista que ha cantado tres años seguidos en el teatro Tacón. Me ha dicho ciue los insurrectos van de capa caída, y que la paz definitiva es cosa de coser y cantar. Mi amable interlocutor so encuentra desde hoy á disposición de las empresas. Con estas oportunísimas interviewx va rectificando sus apreciaciones la opinión pública; porque ¿quién no inclina la cabeza ante el autorizado parecer de un artista lírico que ha cantado tres años en el teatro Tacón? ¿Quién no acata la respetable opinión que por rnedio de un repórter transmite á toda España un honrado industrial que acaba de venir de Manila con su acredita la colección de figuras de cera? Cuestiones de tamaña gravedad sólo pueden Juzgarse sobre el teiTeno. Un cigarro habano sabe más á veces (y sabe mejor desde luego) que cualquier político peninsular. Ya se reunieron las criadas de servir. El solo anuncio de esta original asamblea trajo á las gentes sensatas con la barba sobre el hombro y ojo avizor á las autoridades. -Pero hombre, oíamos decir, ¿será posible que eso se tolere? ¿Qué saben las criadas de corrección ni de política? ¿Qué saben de costumbres parlamentarias? Se temía el escándalo consiguiente, ó por lo menos bullanga y Jaleo de difícil terminación. Pero con gran asombro de todos, la asamblea do las criadas pudo servir de ejemplo á reuniones de mayores campanillas. Diez ó doce de éstas romperá el presidente del Congreso en la primera sesión. Todavía no se han curado los heridos de la última asamblea republicana. Aún está cerrado el círculo carlista de Zaragoza por motivo del meeting del otro día. Témese que en el próximo Consejo se agarren dos ministros, como no sean tres. Pero ¡eso sí! como se anuncie una segunda reunión de las criadas, se llenará otra vez de policía la calle de Jardines. Bien decía una de las concurrentes: -Las señoritas no saben freír u n huevo. Que es como decir, parafraseando un poco esa afirmación: -Los llamados á tener la sartén por el mango no saben casi nunca cómo se sostiene una sartén. L U I S ROYO VILLANOVA DIBUJOS DE CILLA