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Á OCHO DÍAS VISTA 0 TM -I i soga tras el caldero- L a s manos del Sr Cánovas noUen. e, au. 6, na. o- neUg, c, a. -Knc, basu. o.o, -KI. iaJeae, Kl celo reporterU. -L a reunión do las criadas. -Moraleja. El arbolito de las reformas que D. Antonio sembró en la Gaceta para trasplantarlo á los campos de Cuba cuando estuvieran en sazón, lleva trazas de florecer en manos del presidente como la vara en manos del glorioso patriarca. ¿Se implantan las reformas? ¿Cuándo so implantan? ¿Cómo se implantan? ¿Dónde se implantan? La contestación á todo este formulario reformista dependo del curso de la campaña; la acción política tiene que seguir á la acción militar, como la soga va detrás del caldero. Y como la ocasión hay que aprovecharla en cuanto se presente, D. Antonio ni come ni sosiega, mirando sin cesar con una lupa eí estado del mapa de Cuba y sosteniendo con la otra mano el preciado arbolito que, arrancado ya del vivero de la Gaceta y aún no implantado en tierra nueva, vive de milagro, porque vive en el aire lo mismo que el Gabinete conservador. Bien se ve que el presidente tiene las dos manos ocupadas. Y siendo esto así, ¿qué extraño es que le falte mano para estrechar la del general Polavie, ia? ¡Ahora! ¡ahora! gritan los reformistas desde los tendidos dirigiéndose al espada que en este invariable turno de CánovasSagasta (semejante á aquel otro turno de larga duración entre Lagartijo y Frascuelo) maneja hoy el trapo rojo y gualdo. Pero el espada ha dicho repetidas veces que él no se tira mientras la res no humille. Error crasísimo, según los tendidos autonomistas y seo- ún los aficiomrlrw i, of milla, cede y se acobarda es cuando menos debe y i e a J Llevado el asunto á este terreno me uardaré mnv hiVn Ho u, r, p cmci uoi toreo. i. pacte d, s c n iTilzz r s T i r TM r rrcccional, que lia dado candela á tantos ingenios, á tantas vegas y á tantos bateyes. Y si de otros abonos se trata, ¿hay otro mejor ni más privilegiado que el abono á diario de la Capitanía general de Cuba? Tengamos calma y confianza en el Gobierno; la insurrección decrece, y quien esto afirma se basa en el hecho de no haber grandes núcleos insurreccionales, smo partidillas sueltas y diseminadas. Mas ¿por qué estas partidillas han de ser menos graves que los grandes núcleos? Yo me permito creer que cuando la basura está recogida en un montón, hay menos basura en una casa que cuando está esparcida por todo el suelo. Pero ya está visto que el aspecto basurero de la cuestión, lo mismo que el aspecto agrícola y el taurómaco indicados más arriba, se aprecian de un modo desde el Gobierno y de otro muy distinto desde los demás puntos de vista. Ello ha de venir tarde ó temprano; surgirá la ocasión, se apUcarán las reformas, se plantará el arboli 11o, y sólo faltará una cosa. Que agarre. También la política habrá de ir á Filipinas, ya en reformas, ya en canto llano, y por eso el marqués de Estella, lejos de conferenciar, antes de embarcarse