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A OCHO DÍAS VISTA España próspera. -Conste que no somos pobres. -TJn ministro baMlónico. -La pasiega de Hacienda. -Dinero íresco. Ante el escaparate de Meneses. -Koticias de Máximo Gómez. -Barba Azul en la manigua. Fl cañón de dinamita y el de las reform is. -T as grandes potencias en berlina. -Los violones del Concierto, -El correo oílclal. -Dos refranes. Eso de despotricar, en seiio ó en guasa, contra el mal estado de nuestra Hacienda y conti- a la pobreza de la nación, no sólo resulta antipatriótico, sino aventurado y calumnioso á t) dasluces Acaban de acuñarse las nuevas monedas de oro de 100 pesetas; riñen, ó poco menos, los ministros de Hacienda y Ultramar por si la plata filipina ha do acuñarse primero que 11 plata peninsular, ó viceversa; trabaja día y noche la Casa de la Moneda, con gran asombro y curiosidad de Cristóbal Colón el de Recoletos, que jjrocura ei- guirso sobre su ya altísimo pedestal para oler lo que guisan allá al lado, y en lin, el Banco de España ofrece generosamente al Gobierno barras y más barras de plata para que la acuñación no so interrumpa y las máquinas no so enfríen ¡y aún hay quien nos llama pobres! ¿Pobres? ¡un cuerno! Y me permito lan; ar esta exclamación aludiendo al cuerno de la abundancia que, felizmente para nosotros, so ha adelantado un mes á la corrida de inauguración de la temporada. Confesemos, abriendo al optimismo nuestras almas y al oro calentito nuestras gavetas, que ni en los más felices y remotos tiempos babilónicos pudieron soñarse tantas y tan fabulosas riquezas. Sin duda por eso el ministro de Hacienda ha buscado la aleación de sus dos apellidos, y se llama ahora Navarrorreverter, que es como llamarse Nabucodono sor ó Nabopolasar y sentar plaza de monarca babilónico. No en este traje exótico y arqueológico, sino vestido de pasiega, con buen golpe de monedas en el collar y otras mil en las arracadas, en los prendidos y en las bocamangas de su jubón de terciopelo, es como ve el país al ministro de Hacienda, ama de cría ubérrima y diligente de nuestro Tesoro, que es todo un rollo de manteca, con sus tostadas correspondientes. Este dinero fresco que brota entre efluvios primaverales, anticipándose á las primeras lilas, tiene todo el encanto de la juventud y de la novedad. Yo no he visto aún las nuevas monedas de plata, pero espero tener en breve esa satisfacción si persisto en la constancia de asomarme todos los días al escaparate de Meneses. De vez en cuando tenemos noticias de Máximo Gómez. Cada quince días le damos por muerto, unas veces por los achaques de su vejez, otras á conse de heridas en la espalda, otras por una hinchazón gravísima é inoportuna en el cablegrama correspondiente. Si fuéramos á creer á pies juntillas lo que á pies juntillas también suele escribirse desde el campo insurrecto y desde el campo leal, el chino viejo resultaría con siete vidas como los gatos; suposición, después de todo, no muy descaminada, porque más de siete, de diez y de cien vidas tiene Máximo Gómez, pero es sobre su conciencia. I7 n corresponsal nos le pinta fiero y amenazador, despuntándose las botas á balazos, como dicen que hacia el tigre del Maestrazgo; otro corresponsal lo describe como á un redentor generoso é inofensivo, pensando siempre en Cuhita libe, 6 en libar su Cuba poco á poco. Según las últimas noticias, que en el turno pacífico de esta información máxima ha tocado transmitir al New York Herald el gran condottiero de los laborantes, no es sino un Barba Azul restaurado y vertido á la escena mambís. Máximo. Gómez tiene u n cañón. Es u n regalo de sus admiradores; se carga con dinamita, y revienta cuatro ó cinco veces al día, por término medio.