Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
teatro un público compuesto de las personas más notables de Milán. Aunque los artistas todos encargados de la interpretación de la ópera eran de los más notables, la impaciencia por ver al desconocido aminoró los aplausos, y los espectadores no batieron palmas, aguardando con ansiedad la salida del misterioso barítono. Desde que éste apareció en escena, pudo asegurarse que era u n verdadero artista. Bien pronto rompió el auditorio en estruendosa salva de aplausos, y el cantante logró ya en el acto primero uno de esos triunfos que dejan en el público imperecedera memoria. ¡Admirable! decían todos los espectadores; jamás se ha interpretado el personaje con la verdad, el talento y la maestría que lo hace ése hombre. Su voz potente y suave á la par, las inflexiones dramáticas de su acento, sus ademanes de pasmosa naturalidad, y la figura encogida, pequeña, monstruosa, tal como debió soñarla Víctor Hugo, ofrecían un conjunto perfecto. Hasta los espeota tores viejos, esos que jamás reconocen mérito en los artistas jóvenes, recordaban los nombres de los cantantes m á s afamados para confesar que el debutante sobrepujaba á todos aquéllos en el papel del trágico bufón. Cuando terminó el primer acto, muchos espectadores, entusiasmados, entraron á visitar y dar el parabién al artista; pero ante la cerrada puerta de su camerino ha liábase un criado, que con la mayor cortesía y afabilidad les rogó que se retirasen, porque ü signor Fianto, que agradetáa con toda su alma tan señalado triunfo, no El cantante, presa de una emoción profunda, se llevaba las manos al corazón; pero no con ese estudiado ademán de los artistas habituados á tales manifestaciones, sino instintivamente, cual si quisiera guardar en su pecho toda la gratitud que le inspií aban aquellas espontáneas muestras de admiración. E n tropel, tumultuosamente, vitoreando al admirable artista, invadió luego el escenario una multitud de espectadores, ansiosos de verle de cerca y de felicitarle; pero bien pronto aquella muchedumbre se detuvo atónita al encontrarse con el empresario, que acongojado, medio loco, no sabía darse cuenta de lo sucedido. Apenas se retiró del pi- oscenio el artista triunfante, con una celeridad maravillosa, sin cambiar de traje, en compañía de su criado y enrbozándose en una larga capa, había desaparecido por la puerta trasera del escenario. Según dijo el conserje, un coche que les esperaba allí, en el cual entraron rápidamente, partió al galope de dos fogosos caballos. V Al otro día, después de una noche de horrible insomnio, el empresario recibió la siguiente carta; Señor mío: Debo á usted una explicación de mi extraña conducta, y se la do haciendo un verdadero sacrificio. sEs casi seguro que jamás volvamos á vernos; no quiero, sin embargo, marchar de Milán sin manifestar á usted mi gratitud por haberme proporcionado la ocasión de satisfacer el deseo más vehemente de toda mi vida. Í 1 v: Vi, I quería recibir á nadie hasta que aquel fuese definitivo; es tlecir, después de acabada la función. Tan inusitada modestia y el misteiio que seguía lodeando al aitista, aumentaron, si era posible, el interés del público, que en los actos sucesivos ratificó su opinión aplaudiendo y vitoreando al eximio cantante. IV Llegó al cabo el final de la ópera, y cuando el miserable bufón reconoce el cadáver de su hija, cuando la ira y el dolor se desbordan en aquellas notas que son lamentos, en aquellas frases con que el poderoso genio dramático de Verdi ha interpretado la situación conmovedora ideada por el poeta, el entusiasmo del público llegó al delirio. Cada vez que, acl anuido por los espectadores, apare ía el barítono en el i ioscenio, reproducíanse con más calor los bravos y palmadas. La ovación fué imponente, continua, atronadora. DIBUJOS DK M Í N D E Z B K I N G A iSienipre soñé con hacerme oii- lel público y con escuchar sus aplausos; or usti d he visto realizada anoche esa dulcísima ilusión. íJSlo soy modesto; ya tongo la certidumbre tle haber dejado el recuerdo de mi nombre en el numdo del arte, ese mundo en el cual no j) uedo vivir siyas lágrimas que anoche vertía yo en escena, no eran fingidas Yo, como el personaje que representaba, soy contrahecho, soy deforme 1.1 Í 0 S, cuyos designios venero y acato, puso un alma de artista en mi cuerpo corcovado y risible Para representar aquel bufón, sólo he tenido que vestir svi ropa. Comprenderá usted que con tales condiciones físicas, mi repertorio tendría que reducirse á Higoletto; nmy poco para el artista y menos pai a el empresario. Perdóneme usted y tenga la discreción, por lástima siquiei a, le u descubrir el seci cto de su agradecido, -P- í avíío. s MIGUEL E A M O S CARPIÓN r