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V RIGOLETTO Funcionaba en el teatro de la Scala una de las mejores compañías que había oído el público milanés; la temporada era brillante, y los llenos en el gran coliseo se contaban por representaciones. Un día el empresario recibió una carta del embajador de España en Italia, que decía así: Tengo interés vivísimo en satisfacer el deseo de un noble compatriota mío, que puede ser para usted un negocio excelente. Se trata de una persona con excepcionales condiciones artísticas. Actor y ci itante notabilísimo, quiere hacerse aplaudir de un público que le juzgue sólo or su mérito, lo cual no lograría en España, donde toda la gente le conoce y i nde pudiera creerse que debía el triunfo á su encumbrada posición social ó l general aprecio que inspira su persona. Si de esta prueba, en que desea ocultii su ilustre nombre, sale victorioso, tal vez se dedique al arte, para bien de te y regocijo de los düettanti. Solamente dos condiciones impone para su presentación en ese teatro: la 1 limera, que la ópera con que debute ha de ser Rigoletto, y la segunda, que no 1 de ensayar, porque lo considera innecesario. Asistirá, sin ser visto de nadie, al ensayo general que verifiquen los otros artistas, enterándose así de los tiem 2 0 S que lleve la orquesta el director, y los detalles precisos para el mejor ajuste en las piezas de conjunto. Si usted acepta en tales condiciones á mi recomendado, que no cobrará por su trabajo retribución alguna, sírvase decírmelo, y cuente desde luego con la 11 demnización pecuniaria que juzgue equitativo percibir, si su presentación no correspondiera, por cualquier azar imprevisto, á mis fundadísimas esperanzas. -rf F n Aquella proposición, tanto por el misterioso interés que encerraba, como por la respetable persona que la hacía, pareció de perlas al empresario, el cual logró, no sin grandes dificultades, vencer la resistencia que opusieron á tan extraño debut los afamados artistas que debían acompañar al nuevo en la interpretación de la ópera. La prensa refirió el caso, aunque sin decir la nacionalidad del cantante, apellidado en los carteles Planto, nombre que hizo reir por su sentimental significado en lengua italiana; dividióse la opinión entre las personas más ó menos versadas en asuntos teatrales, y aun entre el mismo público, interesado por el misterio, y mientras se aseguraba por unos que el debutante era un príncipe ruso, juraban otros saber de buena tinta que no era sino un americano, archimillonario y caprichoso, á quien su antojo pudiera costar mucho dinero y una silba tremenda. III Creció el interés de día en día; llegó la noche del esperado estreno, y llenó el