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En cuanto dio fln cada uno de los concurrentes, el espectáculo se marchó á su gana ó á donde le dio la real casa: unos á tomar café con señora de abajo, y otros á dormir con su apreciable tostada. Antes de salir del interior de don Crispin, nos anunció el coliseo, por conducto de una de sus funciones, que tenía en ensayo varias hijas, entre ellas El puñal de vidrio, Las personas grises. El tejado del godo, Los mosqueteros decentes. El padrino amarga. La cascara del Nene, El oso ruhio. El bigote muerto, La niña de Lanuza, La capilla boba. Mal de cuerpo y Los demonios en el ojo. Si Dios me da familia, todo lo veré acompañado de mi cabal salud. Sí, tenemos que ir á echar flores á los cigarros y caballeros á las damas. JuAX PÉREZ ZÚÑIGA DIBUJOS OT M E C A C H I S ESCENAS DE LA Iv CiLBJLI IvE IlI E IT CTJBJ Uno de los problemas militares que desde el primer momento se plantearon en la campaña de Cuba, fué el del acertado y eficaz empleo de tan importante y esencial arma de combate como es la Caballería. Forzoso es confesar que en los primeros meses de guerra los insurrectos llevaron ventaja en este punto, pues la requisa general de caballos por ellos practicada en la Isía les permitió no sólo organizar los grandes núcleos de caballería negra y blanca acaudilladas respectivamente por Quintín Banderas y Serafín Sánchez, sino también burlar la vigilancia de nuestras columnas atravesando toda la Isla desde Santiago de Cuba hasta Pinar del Eío, como hicieron Máximo Gómez y el cabecilla mulato. Mas por fortuna las tornas se han vuelto, y hoy nuestra caballería cuenta los combates por victorias, fatiga sin cesar al enemigo, ya desmontado y aspeado, y con la ayuda de los nuevos escuadrones enviados desde la Península, mas las compras de caballos hechas recientemente por el general Weyler, es seguro que las hordas insurrectas no están en disposición de repetir las audaces correrías de Noviembre y Diciembre del 95. Con los triunfos de la Caballería en la guerra de Cuba hemos llenado nuestras páginas en varias ocasiones; sea algo así como alegoría de ellos el adjunto dibujo de Picólo, hecho en gloria y honor de la Poderosa, cuyos bordados estandartes ganan cada día nuevos laureles, bien adquiridos por el filo de sus moharras.