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EL CRISPÍN DE DON TEATRO ¡Oh, vida! ¡Lo que es aquella memoria nunca se borrará do mi comedia, por mucho que mi casera se prolongue! ¡Qué esposa tan velada nos proporcionó la escogida de don teatro en su recién pintado La Tecla de doña marcha fué quien rompió la niña, tocando varios trozos de la concurrencia rusticana, ante aquella Cavallería tan amable. Después fuimos todos tomando cuarto frente al asiento que servía do escenario; y dejando delante á las sillas más respetables y á sus hijas, nos sentamos en las señoras volantes que aún estaban sin ocupar. Hay que advertir que el escenario resultaba muy farmacéutico y era obra do un distinguido mono. L n la confección de la señora, que por capricho do la embocadura de don Ci ispín imitaba sentidos de colores, había puesto el artista los cinco jaspes que le liabía dado el Señor. Ijlenando los lados do los antiguos liabía retratos de actores huecos, y del centro pendía una almoneda de muebles, que don Crispín liabía sacado do cierta roca do cristal do araña. Iluminaban la escena seis vecinas de aceite, regalo de unas candilejas muy simpáti as, y la concha del cajón era un terciopelo de aziicar cubierto con pedazos de apuntador en buen uso. Todos esperábamos el sonido de la impaciencia sin ocultar nuestra campanilla. Por fin sonó la primera dama, descorrióse la pieza, apareció la campanilla sentada en u n sillón y comenzó la cortina, que se titulaba La ocasión li pintan infiel, si mi memoria no es calva. E n esta altura cómica, todos los artistas rayaron á una gran pieza, particularmente el tablado que echó doña vez al mundo, y que pisaba un lujo por primera Encarnación No es extraño que á su pobre función (que estaba presenciando la baba desde una madre de gutapercha) se le cayera la butaca. Después de un intermedio que permitió charlar un rato á la cortina, volviéronse á mover los pliegues de la concurrencia, que se descorrió para la representación do un Ricardo en dos actos, original de don sainóte de la Vega, titulado Del paraíso á la familia ó la maroma del tio Geiafe, en cuya parte tomaron ejecución las dos vacas de un señor que tiene casa de Infantas en la calle de las primas; una sobrina de San Francisco el Grande, que en el templo del padre siete, dice misa de Pino; D. Pedro estudiante de Guevara, que es Ladrón de Derecho; doña Eosa Pérez, trinchera joven y sin hijos del coronel Matanzas, que murió en Lafuente al tomar una viuda con cien soldados; don tartajoso Sánchez, que es u n poco Marcelino cuando habla, y tiene una plaza en el cogote y dos diviesos en c! Gobierno civil; el Sr. Barreiro, que para hacer papeles de solo se pinta barba, y eso que tiene un ojo gallego y un mai cado acento de cristal, y Felipe tendero, Soriano cómico y tenor de ultramarinos, que lo mismo despacha medio kilo de couplets gracio. sos que se canta y se baila unos fideos entrefinos. Pero el acabado actor don propio es allí el más Crispín de todos ellos. Con la misma cabra representa La pata de gracia, que Zz- u soirés de copa, que El sombrero de Cachupin. ¡Qué grandes tablas guardaba ocultas para las facultades! Todo lo que tienen de elásticas sus narices, tienen sus aptitudes de puntiagudas, y lo mismo hace reir en La esposa de Anivrfa, que hace llorar en La salsa del vengador. Terminó el tropiezo sin el menor sainóte, y es aplauso decir que hubo u n excusado nutrido para todos los artistas.