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Kmiha Castrojenz y Rosario Mureda, acompañadas de miss Cowley, respetable institutriz de la última conversaír fí TM TM o bre labor, pretexto ocioso de interesantes confidencias Miss Cowley, con lagrimas en los ojos, leía en u n Magazine inglés u n a lastimosa estadística de los caballos muertos en todas las guerras del siglo. Una hecatombe. ¡Poor horsesl pensaba la sentimental institutriz, conmovida en las floras m a s proíandas de sus sentimientos. Emilia y Eosario parloteaban á media voz con viveza, á la rebatiña con las palabras- -Lo que m á s me alegra, decía Emilita, cuando pienso que voy á casarme con tu hermano, es que nosotras seremos hermanas, y como hermanas viviremos siempre. Si fuera posible u n a cosa- -No lo digas. Eso e. s pedirme vis. No tengo pareja. ¡Qué tonta! Ya sé que no te gusta Manolo; ya sé que por tu parte nunca hubiéramos sido hermanas. Y me i i j i iMimi alegro, aunque sea mi hermano; Manolo no es como Federico. Si Federico s; a g B ggigESBKP MpMB faera como él, tú m e lo dirías, ¿verdad? Hemos prometido defendernos. í. í í Sí- S S S í l í acuerdas de nuestra alianza en Biarritz? f. p, i f J m ¿No h e de acordarme? Pepita Moneada entró también en ella. T T TS T -T SSi r i i. f í i I castigado. Ya ves lo que dicen de su marido. -Horrores. -Pues nosotras se lo advertimos. -Y no nos hizo caso Mal hecho. Entre nosotras no puede haber mala intención. -Ya ves, yo te dije que no hicieras caso á mi hermano, y era mi lierTM TM? TM lias dicho que Federico es muy bueno, y por eso me caso con él. bi tu supieras algo- -Si lo supiera te lo diría, Las dos amigas se besaron con efusión. Miss Oowley por encima de la revista les dirigió u n a mirada severa. -D o n t Mss so noisely. t miú mí- -frf íX í f i l r m- í f ff a í Salía Federico de su habitación, cuando Rosario le detuvo en la puerta de improviso. -Tenemos que hablar. ¿De qué asunto? H o y esperabas u n a carta y no la h a s recibido. Por eso h a s estado de mal liumor todo el día. ¿Tú qué sabes? -1 0 sé porque aquí está la carta- ¿Abierta? ¡Chiquilla! ¿Y quién te h a mandado? Trae esa carta. -No alborotes. Yo necesitaba sabor lo que sé y no había oti- o medio. Ahora escucha. Vas á casarte con u n a criatura angelical, y vas á casarle porque quieres. Nadie te obliga á ello, eres h o m b r e No te casas por interés tampoco ¿Por qué te casas? ¿Estás loca? ¿Qué te h a dado de pronto? líres una chiquilla mal criada- -Como quieras. Pero t e advierto u n a cosa. Si no rompes las relaciones osa mujer; si engañas á Emilia al casarte, enviaré esta carta al marido Enriqueta No, no la suelto, es mía ¿Qué te h a s creído? ¿Pero qué dices? ¿Qué es esto? -Ya lo lias oído. ¡Trae esa carta! Lomando ¡Soy t u hermano 1- -Sí, eres mi hermano poro soy mujer, y en cuanto mujer soy m á s hermana de Emilia que tuya Y como hermana la defiendo y la amparo No lo olvides. Y guardando la carta en el pecho, salió de la habitación de su hermano 5 1 aturdido, sin darse cuenta de lo que había oído. DIBUJOS DB MÉNDEZ BRINGA JACINTO BENAVENTE