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I i V. tór KL R B Y JOKGK I D E QRKCIA GKOKQI- BA J Í -B B R O Y I T C H G Q B E K N A D O K G K K E E A L DE CRETA A B D U L- H A M I D SULTÍ. TI D E TURQUÍA tades con las grandes potencias y poniendo de su parte á Kusia primero, á Francia después, á medida que Europa va pensando seriamente en el día que ha de llegarse al reparto de Turquía, la cuestión de Creta ha tomado proporciones considerables y puede ser la clave de la cuestión de Oriente y el pretexto para que de una primera ruptura de hostilidades entre turcos y griegos surja la guerra europea, cuyos resultados son imposibles de prever, dados los formidables armamentos acumulados de veinticinco años á esta parte y las poderosas alianzas contraídas. La figura simpática del rey Jorge de Grecia y la de AbdulHamid, el sultán de Turqina, el gran asesino, como le ha llamado recientemente míster Gladstone, aparecen hoy frente á frente. Los i n f o r m e s telegráficos atribuyen al monarca griego la iniciativa de la acción enérgica que Grecia manifiesta en los asuntos de Creta. La información es creíble. Aunque la conducta del rey Jorge haya sido s i e m p r e irreprochablemente constitucional, dejando á sus ministros la libre dirección de los negocios, es también cierto que el soberano, compenetrado con su pueblo, se ha asimilado todas las aspiraciones de éste, sus ideas y sus reivindicaciones. Esta compenetración prodigiosa le vale hondo a f e c t o admiración y respeto. Y no hay griego que no mire con dolor á Candía padeciendo durante tres siglos en las torpes manos de los turcos. ¿Qué tiene de extraño que el ministro Delyannis haya cedido á las indicaciones del rey Jorge, encarnación del espíritu y las tendencias nacionales? En cuanto á Abdul- Hamid, el sultán de Turquía, su conducta no ha podido ser más censurable. Sabido es que las horribles matanzas de cristianos, realizadas con benepláciMonTAÑESEs ORisTiAíTos ¿el sultán en Armenia y en