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CUENTO TTtl andaluz muy guasón, con el vecino de enfrente tuvo el diálogo siguiente, que oí desde mi balcón: -Escácheme usted, Garoín, y sabrá en im santiamén lo que aj er le pasó al tren, correo de Andalucía. Tomé yo el tren en Granada, y en él monté muy contento porque iba á ver el portento de esta villa coronada. Partimos sin novedad, y á cien metros del andén noté que marchaba el tron. con mucha dificultad. ¿íí? T) o taancro aterradora Ululamos que el tren crujía ¡Con el peso no podía 11 ijobre locomotora! 151 maquinista intentaba hir ar la marcha, y más bien i ecía que del tren 1 esadez aumentaba. Era una guasa completa lo que al tren le sucedía. i X digo á usted que traía paso de una carreta. f y 1 xAK. y- aquel modo de bufar la máquina, sin poder hacer al convoy correr, tanto nos llegó á inquietar, quo (no es farsa mí relato) los viajeros nos tuvimos que apear, y ños pusimos á empujar el tren un rato. Pero, nada, ni por esas. Se hizo un esfiíorzo horroroso ¡y cada vez más premioso el tren sobre las traviesas! ¿Acaso traía exceso de carruajes y furgones? ¡Cá! No, señor; seis vagones, y los seis con poco peso. Venía sola en primera la viuda de un comandante; en segunda un fabricante de flautas, y yo en tercera. Unos cuantos lugareño dormían en mi vagón, y atrás venía un furgón con varios bultos pequeños. ¿Entonces el tren por qué apenas andar podía, si el furgón sólo traía la carga que dice ust -Porque traía adeEOÉÍs entre líos y trebejos una cesta de cangrejos que iban andando hacia atrás, v: s vi. vs. 7. ntiSifí- í