Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
bre, ni ana después de muerto le dejan tranquilos los huesos. E n París comienzan á alarmarse de la baratura de los precios del muerto ser humano (porque también en París se venden á millares) y se va á ilfgar al caso de que tal artículo figure en los aranceles de Aduanas de todos los paúes Porque hasta ahora no ñgiv ra, y los muertos, ó por mejor decir, sus fsqueletoa, pasan mares y puerlos y fronteras sin pagar ni un céntimo (Viajan de balde, como ios periodistas I Este asunto llegó á tomar ciertas proporciones hace tres meses en París. Los estudiantea de medicina, los médicos y i irujanop, muchos particulares que estudian por gusto la coarposición del prójimo, Comenzaron á recibir prospectos y anuncios de la casa de N u e v a Y o r k ofreciéndoles cráneos, tórax, vértebras, todn ia máquina humana, en fin, entera ó suelta, en globo ó en piezas. Me enseñaron los prospectos y se los envié á mi amigo Biavet, que acababa de pasar del Fígaro á La France y andaba á caza de asuntos nuevos. Ninguno rbás tentador que éste para un cronista; y al día siguiente mi amigo me avisó que ten a medio de estudiar d e c e r c a estas costumbres científi. ío fúnebres, y que si quería ir con él á ca a de uno de los prini- ipales marchantes (Je esqueletos, ino esperaría á la hora ci Acudí con gran curiosidad, y fuimos á ver al hombre en cuestión. FAX la puerta de su habitación hay un cartel que dice Osteología, encima de unos liuesos en cruz. Hii almacén es curiosísimo y por todo extremo fanlíÍHtiCO. t k. v: Una larga fila de esqueletos en los dos lados de la pared. En las mesas y armarios de cristales, centenares de calaveras y de huesos; todo ello t a n bien arreglado y presentado como es costumbre en París en todo género de co- mercios. Creíamos estar soñando. ¿Hacernos concurrencia los norteamericanos? nos dijo. 1 Pobres gentes I No, no pueden competir con nosotros en este ramo de la industria nacional (11) Ya sé yo que hay baja desde hace algunos meses en todas las piezas anatómicas, pero ¿qué nos importa? La primera materia, el cadáver, no tiene valor ninguno en Francia. Nuestros médicos pueden suministrar al mercado diez veces m á s producto que toda América. Si hay sobra de esqueletos! ¡Qué horror I decía yo. Y el comerciante observó; -Usted ve todo esto con ojos de poeta, n o considera usted más que lo que hay de sentimental en el asunto; pero cuando está usted m a l o ó adquiere usted Una de esas enfermedades terribles que le hacen pensar en la muerte, ¿dónde cree usted que estudia el sabio para curarle? ¿Acaso usted no estudia los hueeos y las fibras morales del corazón h u m a n o p a r a hacer u n libro ó una comedia? ¿Y en qué cadáveres quiere usted que se haga el estadio? ¿Y qué huesos son los que se pueden comprar y vender? No serán los del millonario ni los del magnate, ¿verdad? ¡Puesamigo, hay que coiiformareel La realidsd de las cosas salía de los labios de aquel hombre con lógica terrible. Y sin embargo, pensaba yo, ¿de quiénes son ef- tos esqueletos, estas calaveras que parecen mirarnos con los huecos de sus ojofi? Son drt gentes que nacieron para amar, para ser dichosas tal vez- -Bueno; y si mañana hay u n a guerra entre su país de usted y ei mío y caemos de u n lado y de otro treinta mil hombres y no llegamos á ser enterrados, nos comerán los cuervos ó nos cogerá uno de nuestros agentes, que los tenemos, para vendernos y aprovechar nuestros huesos. ¡Qué diablos 1 exclamó nuestro tratante en huesos. Si el morirse uno en su cama y tener u n a tumbita va siendo ya una casualidad 1