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A OCHO DÍAS VISTA Antes de las reformas. -Diálogo de relativa actualidad. -La Gaceta reformada. -Lucas Gómez en la reunión. El general Asombro. -División de mandos. -Otro colchón. -La dedadita de miel. -La peste en puerta. -Conferencia veneciana. Estos Inventos nuevos- -El caballo pasó á la historia. -No oigo hablar de otra cosa, me decía hace ocho días un lector inocente, que de las reformas que piensa implantar el Gobierno en la Gaceta. -En efecto, ese es el asunto del día. -Pues mire usted, me parece de perlas y muy oportuna la determinación, porque hoy que todos los periódicos introducen en sus columnas las reformas que el gusto del público demanda y el progreso de los tiempos exige, ¿nó es una mala vergüenza que el periódico oficial siga como en los tiempos de Mari- Castafla, sin dar á sus planas amenidad ninguna, sin monos, sin alardes de información, sin novela encuadernable ni cromos fuera de texto? No quise sacar á mi interlocutor de su ilusorio engaño, ni abrir sus ojos á la verdad presentando ante ellos toda la espantosa tristeza de las reformas antillanas, cifra y compendio de todos los pesimismos en que abundó siempre la monstruosa inteligencia de D. Antonio Schopenhauer del Castillo. Así es que respondí al inocente lector que me honraba con sus preguntas: -Tiene usted razón; todos esos primores que echa usted de menos saldrán en la Gaceta el día menos pensado, y verá usted cómo por arte de birlibirloque el periódico oficial que hoy nadie lee, aunque á todos obligan sus preceptos, será buscado y arrebatado de manos de los vendedores según la frase corriente y moliente. ¿De modo que tendremos novela? ¡No que no 1 Y de la misma péñola que escribió en otro tiempo La campana de Huesca. -Será interesante sin duda. -Tanto, que la leerán con avidez no sólo los abonados españoles, sino el público de las naciones extranjeras, para las cuales está escrita principalmente la nueva producción folletinesca. -Ardo en deseos de empezar á leerla; la narración no decaerá un momento, el interés será creciente, el final ansiado é imposible de adivinar, ¿no es eso? -Eso es; aseguro á usted que en cuanto lea las primeras líneas no podrá menos de llevarse las manos á la cabeza exclamando: ¡Dios mío I ¿en qué vendrá á parar todo esto? -Eso me gusta á mí; que haya quien salga con alientos suficientes para dejar tamañito al vizconde Ponson du Terrail. ¡Oómo al vizconde! Y á otros títulos más nuevos y más flamantes, verbigracia: el marqués de Eabell y el marqués de Montoro. ¡Qué gusto ¿Y habrá monos también? -Monos y micos; de todo habrá. -Charadas, de seguro; y logogriíos, y adivinanzas, y jeroglíficos, ¿verdad? -Sí, todo eso con la solución á la vuelta de Weyler. -Pues ya sólo falta el último paso: la Gaceta en colores. -Pierda usted cuidado, que todo se andará; con el tiempo es posible que aquí le salgan los colores hasta á la Gaceta. Tal es, en ligero extracto, la inocente conversación que se entabló entre el lector inocente y yo, más inocente cronista, mientras el presidente del Consejo corregía las cuartillas allá en la Presidencia, según como iban cayendo las pesas: primero Apezteguía, luego Castellano, después Labra, por fin y á última hora Lucas Gómez, el más entusiasta y decidido mantenedor de las concesiones canovistas. Salieron al fin éstas en el periódico oficial, y es de suponer el asombro de mi inocente interlocutor, asombro sólo comparable al de todos los demás esPero no hay que precipitarse. Aguardemos el efecto que ha de producir la Gaceta del día 6, y obremos en consonancia ó en asonancia, si el tiempo está para romances. Puede suceder, en efecto, que las reformas caigan en Cuba lo mismo que aquí, y entonces, ¿qué dicha