Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
allí acvimuladas, el inmenso hall, cuya montera de cristales esmerilados aparece como colosal brillante encerrado en el regio estuche, que le forman antiguas telas y riquísimos tapices. Apenas puede formarse ligerísima idea de lo que es el hall de los marqueses de Monteagudo pasando la vista por el grabado que acompaña á estas líneas; todas las planas de BLATÍÍCO Y NEGEO serían insuficientes para hacer una sucinta reseña de las obras de arte que allí se encierran; baste decir que entre otras muchas figuran tres hermosos tapices flamencos; terciopelos antiguos bordados en oro y plata, como las vestiduras que se conservan en nuestras Catedrales; varios bargueños de primoroso trabajo; retratos de princesas de la casa de Austria al lado de cuadros de valiosas firmas; espadas y ariñaduras de la Edad Media, y otra multitud de objetos hábilmente repartidos en aquella anchurosa estancia, que alegran con su ramaje espléndido plantas tropicales v -que crecen exuberantes al calor de las ij; estufas. Tres grandes puertas dan anrpeo desde el hall al comedor, otra soberbia habitación en cuyas paredes de un verde obscuro se destaca valiosa colección de b a n d e j a s de plata repujada; las luces eléctricas se mezclan con el artesonado del techo, iluminando desde lo alto la hermosa estancia y esparciendo suaves claridades sobre la mesa, que en noches de b a n q u e t e está adornada con porcelanas blancas del Buen R e t i r o cuya marca es hoy una de las más buscadas por los anticuarios y coleccionistas. En los menores detalles del palacio de Monteagudo se adivina el gusto exquisito y delicadamente artístico de los dueños de la casa; pero la morada que hoy presentamos á los lectores de estas crónicas puede decirse también que es una morada inédita, puesto que únicamente es conocida de los íntimos. No se han abierto aún para una gran fiesta las puertas de aquel palacio, y los que recuerdan las que dieron un tiempo en su residencia de la calle de la Plora los señores de Santos Suárez, piensan lo que sería un gran baile en su actual morada de la calle del Fomento, porque el más exigente no hubiera hallado materia de crítica en aquellas hermosas fiestas, cuyos menores detalles estaban atendidos con exquisito esmero. Un trato amenísimo, un recibimiento cariñoso y una conversación encantadora prestan ahora principalísimo atractivo á las reuniones íntimas que casi á diario se celebran en el palacio de Monteagudo, en el que brillan también su hija mayor la joven condesa de Catres, que tiene sus habitaciones en el piso bajo, y la soltera, que muy pronto figurará entre las más lindas señoritas de la sociedad madrileña. M 0 XTE- CE 18 T 0 Fotografías de M. Franzen, hechas expresamente para BIANCO Y NK RO