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Aleluyas de Sansón, ópera de sensación. w J i F Í c i L ha sido la jornada para nuestro primer teatro lírico; difícil, porque b a tenido que luchar contra los malos vientos de la temporada, que este año como nunca han corrido en deshecha borrasca. Así que bien puede señalar la empresa con piedra blanca el extraordinario í xito de Siinsán y Dalila, que alivio ha venido á dar á sus esfnerznB y honroso desquite á sus quebrantos. Desde Bnpremiére en Weimar hará muy próximamente veinte años, ha recorrido triunfalmente todos los escenarios de los principales teatros del mundo. E n París se estrenó con el mismo éxito que el alcanzado en otras partes. E s sensible q u e la faltada salud del inspirado compositor francés le tenga alejado hace tiempo del teatro, siendo muy posible que por prescripción facultativa Saint Saéne n o vuelva á escribir más. Saint- Saéns, q u e ama mucho á España, como lo demuestran sus largas invernadas en Andalucía y su predilección por los cantos españoles, hubiera venido á dirigir su obra si t u estado de salud no se lo impidiera. Gran interés había por escuchar la inspirada obra del autor de Ascanio. La Sociedad d e Conciertos nos d ¡ó á conocer en años anteriores algunos fragmentos como delicioso aperitivo para gustar luego de las excelencias de esta partitura, que no vacilo e n considerar romo una de las más valiosas del arte moderno, y que como todas las ci eaciones de Saint- Saénp, encierra un curso completo de armonía. No en balde se considera hoy por todo el mundo al genialísimo autor de La dama macabra como uno de los mejores paladines de la ópera moderna, siendo al propio tiempo el compositor francés de mayores vuelos. De perfecta claridad en el diseño musical, elegantísimo en la frase, sobrio, sencillo en la armonización, llega tan francamente al público, que éste n o siente la menor fatiga; muy al contrario, deleitase con aquellas delicadas melodías, sin rendirse, como en otras obras modernas, al peso de intrincadas filosofías orquestales. De toda la obra destácanse, sin embargo, como para darla mayor relieve, el hermoso canto del pueblo de Israel, el coro de vírgenes filisteas y la delicadísima danza del acto primero; el dúo del acto segundo, de una intensidad dramática, de tan poderoso brío, que pueden firmarlo sin desdeñarse los m á s gallardos compositores; y del acto tercero el sentidísimo canto de Sansón en el cuadro piimero, y la bacanal y el canon en el cuadro segundo, muy señaladamente la bacanal, llena dé giíos y de efectos orqi- estales. Ni las dimensiones de este artículo me permiten seguir u n examen detenido de Sansón y Dalila, ni mis conocimientos musicales m e autorizan á ello, aunque con esta segunda condición me basta y me sobra ara la veda, y en esto me sucede lo que al general del cuento; pero sí como proiano y cu ciase VA 8 TÍXCTG espectador, puedo asegurar que hace muchos años no registraba la crónica del Real Hace ejercicios con pef. is despuéd de las sobremesas. Las vírgenes filisteas, aunque con palma, son feas. Mata al traidor filisteo con sólo mover un deo. T -1 1 SENÜTÍITA TXÉS SALVADOR Mas la perversa Dalila llega una tarde y lo esquila.