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muriera en la cuadra, aunque le costase algo, que buena fortuna tiene para s o p o r t a r ese gasto, ó en vez de pegarle un tiro pues fué y llamó á un chalán y lo vendió; pero lo vendió para la plaza de toros, á sabiendas- ¡Qué bruto I exclamó D. Luis sin poderse reprimir. -y lo que es peor: esto fué en viernes; pues el domingo estuvo en la corrida, y vio morir al pobre Lucero en el redondel, como allí mueren. ¡No te digo más, abuelitol Al llegar aquí, Soledad se enjugó una lágrima en que acaso iban unidas la lástima del caballo muerto y la amargura por la desilusión sufrida, y continuó diciendo: -A mí me gusta ir alguna vez á los toros por la animación y el bullicio, y por lucir la mantilla pero eso que ha hecho Manolo no tiene nombre. ¡Era el caballo que le traía á verme, el que yo esperaba y á quien quería porque venía volandol Yo te he oído contar que cuando en la batalla de San Pedro Abanto te mataron el caballo, tuviste un disgusto grandísimo. Y en fin, acabó diciendo Soledad con extraordinaria energía, lese hombre no puede ser bueno, y no me caso con él! DIBUJOS I K HUERTAS JACINTO OOTAVIO PICÓN