Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
DESILUSIÓN Cuando D. Luis supo la determinación de su nieta se disgustó muchísimo, pero aún fué en él mayor la sorpresa que el enojo. ¿Cómo explicarse aquella ruptura brusca y repentina que daba al traste con una boda concertada á gusto de dos familias, y sobre todo de ambos novios? ¿Qué habría pasado entre ellos? ¿En qué fundaría Soledad resolución tan extrema? Dadas la inteligencia, bondad y discreción de la muchacha, pensaba el pobre viejo, indudablemente en algo grave y muy justificado. Así que el buen señor, amargado por la novedad y aguijoneado por el cariño, determinó salir de dudas. Tiró el periódico que tenía en la mano, y encarándose con su nuera, que acababa de darle la desagradable noticia, le preguntó; 1 -Ji ues yo naoiare con ena. Anda tú delante, que me espere, y déjanos solos. A los pocos minutos y de muy mal humor, aunque sin perder la calma, entraba D. Luis en el cuarto de su nieta, donde todo era extremadamente sencillo, pero en el cual no había cosa grande ni pequeña que á primera vista no revelase la riqueza de la familia y el gusto exquisito de la niña. Las paredes estaban cubiertas de una tela casi blanca con menudas guirnaldas de rosas y lacitos, formando listas de alto á bajo; los muebles tapizados de lo mismo, y la alfombra muy clara; sobre la chimenea había un reloj de porcelana antigua del Retiro colocado entre dos altos y estrechos tubos parejos de vidrio veneciano llenos de crisantemos blancos; los enseres del tocador eran de cristal y de marfil, limpios, de escudos y cifras, y encima de una mesa, junto á un sortijero de Sévres y una preciosa canastilla de labor, había tres retratos: dos muy recientes, de los padres de Soledad, y el tercero, amarilleado por el tiempo, de D. Luis con uniforme de teniente general, sin más cruces que la laureada y la medalla de África. Estaba Soledad sentada en una sillita baja atándose los lazos de los zapatos, cuando al ver entrar á D. Luis se puso en pie rápidamente, y dando un salto se arrojó en sus brazos diciéndole con el mayor cariño: