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B L B A T A L L Ó N D E TOLtTJlTARIOS E S P S R A N D O E L PASO D E L A S F U E R Z A S Fotog. J. Reyes Uno de los organismos más simpáticos creados en Manila á raíz del primer movimiento insurreccional es el brillante batallón de voluntarios, donde figuran los elementos más valiosos y entusiastas del núcleo espaflol de Filipinas. El amor generoso á la patria, tan gravemente amenazada en los primeros momentos, dio origen á este batallón, así como al escuadrón de voluntarios, en donde hombres de todas edades y de muy diversa posición social, unidos por el fuego patriótico, constituyen la salvaguardia de Manila, mientras los batallones indígenas y los refuerzos enviados de la Península operan activamente tomando la ofensiva contra los rebeldes. Viejos y mozos, comulgando en el noble sentimiento de la patria, son ya hoy en Manila veteranos que no sólo desempeñan el servicio penosísimo de la plaza, sino unidades tácticas disciplinadas y resueltas que esperan desde hace cuatro meses al pie de las murallas la aparición de un enemigo que batirían con fortuna en medio del campo y á pecho descubierto. Sirven en el batallón como soldados las personas más estimadas en Manila; ostentar en la manga los galones de cabo es un verdadero triunfo; las insignias de sargento se reservan para gente muy granada, y la dotación para oficial sólo la dan á quien entre sus compañeros disfruta de concepto irreprochable. El 15 de Septiembre, muy pocos días después de abierta la recluta, ascendía á 1.200 el número de voluntarios; y cuando poco después se repartieron los fusiles, se vio con sorpresa agradable que eran muchos los hijos del país inscritos y ansiosos de compartir con los peninsulares el honor de defender con las armas la bandera roja y amarilla. Más aún: en las listas abundaban los nombres de extranjeros, anhelantes de compartir con los españoles de raza los riesgos y las glorias. El primer servicio del batallón es de los que no se olvidan fácilmente. Cundían por la ciudad el pánico y el desaliento; entre los conspiradores de los suburbips y los rebeldes del campo existían conspiraciones cuyo alcance exageraba con fundamento el recelo de todos, y la ejecución de Valenzuela y sus tres compañeros era conceptuada por los peninsulares como la chispa que había de hacer estallar la mina cargada por el odio, la debilidad y los desaciertos. No era imposible un alzamiento; el ataque de los de afuera era una contingencia probable, y era escaso en Manila el contingente de fuerzas regulares que dominara la protesta de los sublevados el día de la ejecución. El leal batallón de voluntarios formó con las escasas tropas el cuadro de fusilamiento, y la irritación BAKDBKA BEL BATALLÓU de los sediciosos castigados fué ahogada por el temor de una represión vigorosa. BORDADA P O R LAS S S Ñ O R I T A S I K MANILA