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claro es que todos estos ríos df sbordadi ip, arroj os ensoberbecidos y aguaceros torrenciales darán en el mar con sus caudales, y que hablar de éstos dentro de pocos días será hablar de la mar. Conviene, sin embargo, repetir la frase del baturro, en vista de tantos y tanlamentables desbordamientos: ¿Sabes lo que te igo? Que nunca hi visto crecer el EVo con agua clara. Nunca segundas parles fueron buenss. Esta frase clásica y popular á un tiempo debe preocupar no poco al señor ministro de Hacienda antes de anunciar el segundo empréstito, que ya está al raer. De ahí que dude si anunciar esta próxima operación como segunda parte de la primera, ó bien como una traducción de ésta, que á eso equivale un empréstito en exterior. Mas no ignora D. Juan (D. Juan, que á eso se arrojó) que si Cervantes era enemigo de las segundas partes, no lo era menos de las traducciones, á las cuales comparó con los tapices vueltos del revés. Y si el revés de un tapiz es feo, ¿cómo será, santo Dios, el revés de la capa del estudiante, único tesoro que nos queda si es que la susodicha capa ha parecido? Ello es forzoso, sin embargo, y días hace que el ministro de Hacienda afila en arenisca piedra el sable bien templado de los empréstitos. No suelte el sable Su Excelencia, pero no olvide tampoco que la acción diplomática y la política deben ir unidas á la militar, según el axioma de moda. Y si sale con bien de este segundo golpe y aún consigue dar otro tercero, ya puede asegu. rar que no hizo otro tanto ni la propia codorniz de las Verdecillas. Una porción de cosas han sido letra muerta estos días, sin duda porque la única letra viva que se ha movido y ha coleado por ahí ha sido la A, inicial ya famosa con que firma sus correspondencias el misterioso corresponsal del Diario de Barcelona en esta corte. En vano el Sr. Fabié ha repetido en todos los tonos lo que ya dijo en otras ocasiones: que él nada tiene que ver con esa A (fue le persigue como si fuera su sombra; la gente se empeña en ver tras esa vocal al Sr. Eabié, por más que en el presupuesto bien claro aparece que dicho señor no es vocal, sino presidente, y muy presidente, del Consejo de Estado. ¿Tendrá que reunirse en pleno el primero de nuestros centros consultivos para revisar el alfabeto, una vez que estén revisados los expedientes de quintas? ¿Tendrá que proponer al Gobierno la supresión de la A, por lo menos mientras sean- poder los conservadores? Todo esto y mucho más puede hacer el Sr. Fabié para sincerarse mientras sea presidente del Coníejo de Estado. Entretanto, y mientras el misterio de esa A no se aclare, confesemos que sabemos muy poco, ya que no conocemos ni siquiera la A. Y luego intentaremos codearnos con las naciones extranjeras. Si ya no hay teatro sin su cinematógrafo correspondiente para amenizar los entreactos, ¿por qué había de ser el teatro de la guerra de peor condición que los demás? Así es que mientras el público de buena fe grita y patalea para que la cortina se corra, como todos deseamos, dicen desde adentro que lo que es la cortina seguirá echada por ahora y que hay que contentarse con el cinematógrafo oficial, cuyo lucimiento exige que la sala quede completamente á obscuras. El asunto de las vistas es por completo fantástico, naturalmente, pero nada deja que desear en punto á belleza artística. Véase el asunto de los cuadros nuevos: l.o Pacificación de Pinar del Río. 2.0 Máximo Gómez pidiendo perdón á las autoridades españolas. 3.0 La amistad de los Estados Unidos. Y el que no se divierte es porque no le da la gana. Sólo el mirar al redondel iluminado, aun antes de que aparezcan las vistas, es cosa que deslumhra. Y es que, mientras el público ee va quedando á obscuras, la linterna mágica hace un verdadero derroche de luz. LUIS ROYO VI LLANOVA. DIBUJOS DB C I U Í A