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-Niña, ve que don Emilio te saluda muy amable. -Que te habla el autor, chiquilla; ¿no h a s de saber contestarle? -El crítico de JEl Proscenio, que viene á felicitarte. -Tu protector, nifia: el barba! y el peluquero y el sastre... -I Gracias, mil gracias á todos 1 la niña va á desnudarse; el traje nuevo la oprime, y ¡la emoción es t a n grandel- -Abraza al baria, hija- mía, que es aquí tu único padre. ¿Más regalos? ¡Ven ustedesl ¡Si hay para cuatro bazares I Óigame usted, don Emilioj doB palabritas aparte: Ya ve usted lo que es mi nifia; salvó al autor de un desastre. i L a primera dama, al foso; el galán gritaba en balde; mi nifia sola y el barba: esto no puede negarse. En su primer beneficio ella h a dicho cuánto vale Conque, ó me pagan la nifia, ó m e la llevo á otra parte. ¿Ustedes ven? E n t r e actrices, la que tiene padre ó madre, para las que no los tienen está siempre ¡inimitablel EDUARDO BUSTILLO DiETJJO DK MÉNDEZ BRINGA CUENTOS BATüilROS, POR GASCÓN -Pero ¿has echado la carta al correo? -Sí, siñor. -Pues ¿cómo me devuelves los 15 céntimos del sello? -1 Otra! I Porque la iehé sin que me vieran I -Déme usté una poseía, que voy á engañar á uno. -I jSto será á mil t. íí ¿Es tuya esa paloma? -Mía, sí siñor, mía. -Pus 1 ya la pues cambiar por un gurrión I -i Cuidau que ha caído agua este invierno I- -Pá coger seis cosechas, si la repartiera un hombre de conocimiento.