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llamó mucho la atención de los concurrentes y que fué el prólogo de un gran acontecimiento. Asistió á la reunión de su prima el emperador Napoleón III, y entre las damas que había en el salón figuraban dos españolas, madre é hija, de una gran distinción la una, de una soberana belleza la otra: eran la condesa del Montijo y la condesa de Teba, que tenía entonces veintiséis años. El emperador, que siendo príncipe desterrado había conocido en Londres á la dama española y que profesaba á la condesa de Teba sincero afecto, se pasó la noche conversando con ella; y cuando sonaron las doce campanadas se levantó, y deseando con anhelo, pero más que nunca aquella noche, se siguiese la tradicional costumbre del beso, se dirigió á su prima, imprimió sus labios en la alabastrina frente, hizo lo mismo en las de seis señoras más que había en el salón, y guardó su último beso, el que había de ser sin duda el más dulce, para su gentil interlocutora la condesa de Teba. Pero ésta se puso en pie con un movimiento lleno de gracia y majestad cuando llegó á ella el emperador, y con tono respetuoso le dijo: -Señor, en mi país las jóvenes solteras no reciben besos más que de su padre ó de sus hermanos. He aquí lo único que puedo otorgar á V. M. Y le tendió su linda mano, que el emperador llevó respetuosa y silenciosamente á sus labios. A los pocos días Napoleón III manifestaba á su Consejo de Ministros, que le escuchó asombrado, que había decidido compartir tálamo y trono con la condesa de Teba, sobre cuya hermosa cabeza sentaría admirablemente la corona de emperatriz. Y aquel afio, tan solemnemente inaugurado en los salones de la princesa Matilde, se unieron con lazos que sólo ha podido romper la muerte el sobrino de Napoleón I y la hermosa española que nació entre los cármenes perfumados de Granada. ¡Que cuando el año 1896 se despida y entre alegre y sonriente el año nuevo, traiga coronas para las bellas lectoras de BLANCO Y NEGRO I Pero que las coronas sean de flores, mensajeras de la dicha, porque las doradas diademas suelen ser muy pesadas en estos tiempos, y si traen esplendores y grandezas, no dan lo único que se debe ambicionar en la vida; la felicidad. KxVSABAL DIBUJOS DK IIÉNDKZ BEIKGA