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tro es tersa y transparente; yo vi un capullo de rosa con unas hojas así. ¡Y qué bien hacen esos rizos dorados sobre mi frente! ¿A que no está entre ellos la cana, seor poeta? Ande usted; vamos á buscarla jantos. Demasiado sé que no h a de parecer. ¿Está en éste? Mírelo usted bien. No está, ¿eh? Bueno; ¿y en este otro? Tampoco, ¿verdad? Sigamos si usted quiere, oh maravilloso cantor de la salvaje naturaleza de boj recortado I Y aquí, junto á la oreja derecha, ¿está? Dé? e usted prisa, hombre, que va á nacer el año. A ver si la encontramos antes del año nuevo. ¿Y aquí, al lado de la oreja izquierda? ¿Conque no parece? -No hay que desanimarse tan pronto. Yo iré con mi propia mano separando mis hebras de oro, ¿lo entiende usted bien? mis hebras de oro por lo alto de la rabezfl; agí, así, así... (Suena la una. ¡La u n a! ¡Qué alegría, el año nuevo! (Transición, con lerror. ¡Qué es lo que veo! ¡La cana, mi primera cana 1 La condesa de Tres Estrellas permanece un gran rato postrada en su dolor, pero n o suelta el espejo; ha podido verse mal. Vuelve después á mirarse, y hace un gesto de desesperación; la cana está allí. Arráncasela al íin con mano nerviosa, y asida entre dos lindísimos dedos, que es lina lástima que aprisionen nna cana, la acerca á la cliimenea. Esta tiene muy poco fuego para devorar traición tan grande. La condesa mira instintivamente á la luz; es luz eléctrica. Levántase por fin, y con pasos inciertos de criminal se aproxima á un balcón. Lo abre, se estremece y arroja la cana fuera. Cierra el balcón, y exclama con tono trágico: -Año n u e v o vida nueva, iMuramos! (Se dei- ploma en ¡a butaca y llora. EPÍLOGO Está nevando. La cana arrojada por el balcón á los copos de nieve: ¿De dónde caéis, hermanos? Los copos. -C a e m o s d e l c i e l o ¿Y tú? líffl cana. Da la cabeza de una mujer hermosa. Los copos (respetuosamente) -Baja delante. Tosií DE ROÜRK J) lni: lo. s liK MÉNDItZ BRINCJA I