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Habana con iriiiclio dinero. Í 8 veidad; y por cierto qne el tío M a n o s que también tiene dinero, lia redimido á sn hijo con 1.500 pesetas; ese no irá á Cuba, no irá á la ¡nerra. Pero así deberá ser, pues así h a sido siempre. Y arriba, para Cuba. -Porque la lancha ha atracado, y el segoviano, vacilante sobre aquel suelo que se mueve, llega á la escala y empieza á trepar hacia lo desconocido. Saludadle todos; ese es el héroe de la guerra; ese, entre t a m o negro, gris y blanco, es lo único blanco del todo. Dejadle ir con su sublime ignorancia; no intentéis explicarle por qué debe ir él sí y otros no, ni aun pf r qué deben ir los que van. Dejadle. ¿Va? No le pidáis mát- no le pidáis convencimiento, no le pidáis vocación. Al entregarse como se entrega, alma y cuerpo, á un deber que no comprende, pero que cumplirá como el más sabio y como el más belicoso, recuerda con su sublime inocencia y mansedumbre á aquel Cordero de inmaculada blancura, que con su sangre redimió los pecados del mundo. También él, el recluta segoviano, va á redimir con su vida muchos y grandes pecados, que otros, vivos y muertos, cometieron. Tren días hace que el convoy está en marcha. Salió de la ciuiind con buen tiempo, dos compañías y algunos jinetes para custodiarlo, y ocho leguas de camino bastante transitable por delante. Pero al emprender la segunda j o m a d a empezó á caer la lluvia á cántaros, y en pocas horas Iss cañadafi, qiie vomitaban torrentes, convirt. ieron en lagunas las