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-L M jJs y ur- Í T A V it Pfc v- S rras coloniales? ¿Se hundirá el Katipunan? ¿Se extinguirá la Estrella Solitaria -No sé qué te diga; ya sabes que Venus y Marte siempre fueron amigos; la guerra es mi elemento; Venus y la paz son incompatibles; quédense el sosiego y la tranquilidad para la mujer sencilla, prosaica, burguesa, como decís ahora, pero Venus no puede vivir en santa calma: el ideal de la belleza ha estado y estará siempre en Venus Yictrix. -Eso ya es otra cosa; si nos garantizáis lo de Victrix y á corto plazo, ya estamos embarcando los pocos españoles que quedamos por embarcar. -Paes, lo dicho, dicho; mas no olvides que Venus para vencer necesita generales de su gusto. -Deten tu lengua. ¿Cómo te atreves á dudar de nuestros generales? -Ko es Marte quien duda, no es Belona tampoco; es Venus simplemente, ¿Ocurrirá algo porque Venus dude de un general? -Tienes razón; me había alarmado sin fundamento. -Y yo digo y repito que los generales han de ser á mi gusto eu el año de gracia ¿no se dice así, afio de gracia -Basta que vos lo presidáis. -No me eches flores, porque no tengo entorchados á mano. Quiero decir que basta ya de héroes respetables. Mientras saquéis caudillos con barba blanca, con perilla gris ó con patillas de contrabandista, no esperéis que la fortuna os mire de frente. Yo quiero caudillos barbilindos y boquirrubios- ¿Y cómo vencerán? -Por su bonita cara. -De modo que la caída del Katipunan, la caída de la Estrella Solitaría- -Dependen tan sólo de la caída de ojos de vuestros generales. -Tenéis razón; por un general hermoso, arrogante, joven y vencedor, o morirían más españoles; pero -Se morirían todas las españolas. -En fin, dejemos esto á un lado, porque de todas suertes las guerras de ahora no son como las de Troya. Aunque Venus y Marte asomemos alguna vez por la vanguardia, el verdadero conde, es decir, el verdadero mariscal es Pluto. -No me suena. -Pues tiene buen sonido; Pluto es el dios de la riqueza. ¡Por vida de éste y del otro dios! Bien decís ¡oh Venus! que debemos cambiar de asunto. Y ahora tengo el honor de preguntaros: ¿Qué va á ser del arte dramático en el año que empieza? -Tomaré bajo mi protección el género chico. ¿Qué es lo que oigo? ¿Estáis en vuestro juicio, señora? -Soy agradecida. Tú no ignorarás, ciertamente, que las Horas me hacían la toilette allá en el Olimpo, que ellas me regalaron el ceñidor famoso Conque, ¿es ó no es lógico que yo proteja al teatro por horas? -Si es así, me atrevo á pediros el primer vals, es decir, la primera pieceoita en colaboración. -Tú estás loco. Escribir yo para las tablas desde la presidencia del año I- ¿Y qué? ¿No escribió Ayala desde la p: -esidencia del Congreso? -No me tientes, cronista. -Señora, yo- -Quiero decir que no me induzcas á cometír tan donoso dispirate. Yo no puedo e. criblr pxra el teatro ni para ñadí; no tengo manos.