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ro le deja abandonado en el camino. Todo este lujo que ahora goza usted, toda esta gente que ahora viene á pagarle sus visitas, la fama que le enaltece, todo, todo ha salido de estos ojos, que hoy sólo m e sirven para ver mi desgracia y para llenarse de lágrimas con mis sufrimientos. -Sálteselos usted si tanto le estorban, dijo el médico con enojo. -Ko, señor, porque entonces, en vez de compasión y de piedad, inspiraría repugnancia á las gentes. Las cataratas fueron u n regalo de la Providencia, que usted m e h a arrebatado sin compensación alguna. Yo quiero mis cataratas ó su valor en metálico. -Usted está loco ¡Vayase de aquíl Cuando el mendigo vio que el médico le despedía llenóle de insultos, y llegaron las cosas tan adelante, que el viejo, que era atrabiliario y que estaba aguijoneado por el hambre, la emprendió á puñetazos con el médico, diciéndole á cada golpe: MÍ 8 cataratas, mis cataratasl ¡yo quiero mis cataratas! Promovióse gran tumulto; los clientes entraron n la habitación, procurando sujetar al viejo, el cual, con ademán trágico, exclamó: -Imbéciles que venís á curaros los ojos, ¿no s s que para lo que hay que ver en este mundo es preferible que seáis ciegos? BAFAEL DIBUJOS DE HUERTAS TORRÓME CUENTOS BATUREOS, POR GASCÓN -jQué train los papeles? -Icen que hay crisis. -Y eso, ¿qué es? -I Qué me sé yo I Pero por un si es caso, más nos vale no pagar la contrebución. ¡Antonio! ¿El qué? -Se acaba de morir tu suegra. -Bueno, déjeme, l Güen desgusto me espert cuando me devante! ¿Sabes lo que te digo? Que al cuerno hay quédale el contra de lo que pide. ¿Te pide agua? Pues vino y más vino. ¿Y si quié vino? -Hombre, I alguna vez hay que dale lo, que m á s le cumpla I -1 Ya vuelve 1 ¡ya vuelve! ¿Cómo se llama usted? -Vusotros lo sabráis, que me estáis bautizando.