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pos se negó tan en redondo á que iaese á Otiba, que dijo á Azcárraga que de ningún modo le destinara á la gran Antilla. Quedó el comandante un tanto molesto por aquel interés que le privaba de pelear donde le llamaba su sangre generosa, y en cuanto pudo conseguir que se le enviara, allá se fué, encargándose del mando de una columna. Blbéroe de Punta Brava conoce como pocos el terreno de Cuba. En él combatió durante la guerra de diez años, y regado está con la sangre de sus heridas, recibidas en primera fila disputando heroicamente y cuerpo á cuerpo Ja victoria. El cable ha transmitido con frecuencia la noticia de diferentes encuentros en los cuales Oirujeda, sin contar el núnaero de enemigos, les ha hecho huir vergonzosamente. Tenía pendientes seis propuestas para ascenso y cruces cuando llegó á Madrid la feliz nueva de su último combate. Ocioso é imposible sería enumerar siquiera las manifestaciones. patrióticas que en toda España han tenido lugar con motivo de la muerte de Maceo. En Madrid, donde se organizó la primera manifestación á las dos horas de conocido el suceso, han tenido estas explosiones de júbilo patrio un carácter altamente simpático por la feliz circunstancia de residir en la corte la distinguida fimilia del Sr. Cirujeda, que ha recibido estos días muestras altamente conmovedo- t l l M t a ti LA. MAN FESTA. CIÓif D S L P U E B L O D E M A D R I D Foto; Calvci ras de entusiasmo y respeto. Todos los diarios haa dedicado frases de cariño hacia la distinguida familia, cuyo grupo fotográfico reproducimos, en la seguridad de dar con ello la nota más interesante de nuestra información. La distinguida señora de Cirujeda no sólo ha recibido los homenajes del pueblo de Madrid y de casi todas las autoridades, sino que fué recibida en audiencia privada por S. M. la Reina, quien se ha encargado de la educación militar del hijo mayor del héroe de Punta Brava. La última de nuestras fotografías está tomada frente al salón del Heraldo en el momento de organizarse la manifestación patriótica que recorrió las calles de Madrid en la tarde del 9. La multitud, que á las primeras noticias que aparecieron en el salón de nuestro colega invadió literalmente la calle dj Sevilla, púsose en marcha de allí á poco, engrosando continuamente y deteniéndose en el ministerio de la Gobernación, en el número 4 de la calle de Toledo donde habita la familia del Sr. Oirujeda, y luego en la plaza de Herradores, frente al Ayuntamiento, en El Imparcial, en la Presidencia, en el ministerio de la Guerra y en el Centro del Ejército. Desde aquí, por las calles de Núñez de Arce y Cruz, volvió la manifestación á la calle de Sevilla, disolviéndose en el que había sido punto de partida. La manifestación del día 9 repitióse en Madrid al día siguiente y enc- ontró eco en todas las poblaciones de España, donde la muerte del feroz cabecilla mulato ha sido acogida con muestras repetidas de alegría pública. Respecto al héroe indiscutible de Punta Brava, al bizarro comandante Cirujeda, ascendido yaá teniente coronel por anteriores méritos, no ha de hacerse esperar la recompensa por el servicio prestado, á la cual trata de unirse con muy buen acuerdo, y conseguida merced al voto de las Cortes ó por suscripción pública, una gruesa pensión para los hijos del bravo Beldado, cuya suerte, con ser mucha, no ha sido superior á sus méritos.