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Pues si se critica la obra de Dicenta por efectista, bien podemos derribar entonces muchas de Jas joyas de nuestros eminentes autores modernos. Caballeros, como decía el otro, no arrempujar, que mejor pago m e r e c e u n autor como D i c e n t a d e temperamento v i g o r o s o ci. n p étora de glóbulos, ine encarna en sus obras hermosas arrogancias y atrevimientos, y que viste á sus personajes con un tan buen hablar, que muchos quisieran para sí k s días que repican gordo. Y si algunos han colgado á Juan José los aplausos conquistados p: r El señor feudal, han debido tamACTO PKIMEEO. -E S C E N A X I I bién tener eíi cuenta, al JtJAa- A (Sria. Cobeña, C) -JAIME (Sr. ThuilUer) mover sus plumas, que JUANA. -Yo era muy chica, pero la mirabas muy fijo, como enamoricao. no es el mejor medio de estimu ar á un autor el de amarrarle á la coUimna de la críti a y azotarlo despiadadamente. Punto y dejo. La ejecución de El señor feudal merece capítulo aparte, y en esto, gracias á Dios, estamos de acuerdo casi todos. Carmen Cobeña encontró en el papel de J u a n a ancho campo donde lucir sus relevantes facultades de actriz dramática. Aquella naturaleza briosa y salvaje tuvo en ella inspiradísimos acentos, hondos, sentidos, como corresponden á la intensidad de su pasión. Thnillier fué su digno c? ía í. Nieves Suárez conquistó u n entorchado con su nietecíta Balaguer graciopísimo en su p- jpel de labríd- r gandnl. Mario. como Mario, aju- tido á su tipo. La Canelo ESCENA F I N A L JAIME (al señor KOQUE, Sr. Valles) -i Sálvalo, anda, sálvalo si puedes! muy bien; y Valléj y el excelente Cuevas, en sus ingratos papeles, hicieron todo lo que saben y pueden, que es mucho. Podía terminar esta ligerísima revista diciendo que todos bordaron sus papeles. Pero eso se queda para los aficionados al cañamazo. Lois GABALDÓN. Fotografió de M, Frannen, hechas expresamente para BLA xo Y NEOKO durante la representación de la obra.