Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
Nosotros hemos sido una excepción de la regla. Pnimos ciclistas porque sí, por seguir la corriente. Leíamos que Emilio Zola hicideteaha; que Lombroso se hacía lenguas y pies del ciclo; que (Jladstone, el gran político, alentaba el movimiento velocipédico inglés; que César Cantú le daba á los pedales; que críticos como Francisco Sarcey, artistas como Carolas Duran y Zamacois, estilistas como Darzens y Eichepin, novelistas como Tolstoi con sus sesenta y seis años y Montepin con los que tenga, periodistas como Mej er, Fierre Giffard, Eocheford y Drumond hacían lo mismo; y que cicleaban Bothschild y Dreyfus, el príncipe de Gales y el príncipe de Sagán, Guillermo II y Nicolás II, el presidente Félix Faure y el presidente de la Confederación Helvética. Leíamos que en Francia había 600.000 ciclistas, que en Inglaterra millón y medio, en Italia 160.000, en Alemania 400.000 y en los Estados Unidos 4.000.000. Por esto, sin duda, el madrileño se dijo: A ver qué es esa chifladura universal 1 Y un día fué Eugenio Selles, otro día Vital Aza (hoy entregado á su Mariscal, un caballo, no de acero, de carne, ouyas loiia- nges cantó en una jioética y chispeante epístola que tuvo la bondad de dedicarme) y fueron desfilando en LAt 5 M A S A N A S D B L R E T I R O- E L P U E S T O D E L A EULALIA sus bicicletas por la corte los Gasset, Valdeiglesias, Miguel Echegaray, el duque de T Serclae Federico ürrecha, Tomás Bretón, Ensebio Blasco, Montero Ríos, Enrique Sepúlveda, el duque de Arión, Federico Chueca, el conde de Peñalver y otros muchos Inútil es decir que detrás y delante de tales nombres empuñaron el guía y pisaron el pedal muchos de lo más granado del montón anónimo, que diría el señor Presidente del Consejo. Todos queríamos ser ciclistas, y Bonafoux escribía desde París al Heraldo: t- Anch io sonó ciclistas, y Clarín lo escribía desde Oviedo, y Castell hacía igual declaración en su Diario de Guipúzcoa. Beloqui, los Chiquitos y los principales pelotaris, gozaban del neumático entre pelota y pelota como entre col y col, y el Reverte, Bombita y otros toreros hacían lo propio entre pitón y pitón. i y pensar que Madrid es la población menos cicleahle del universo 1 Felipe II y nuestros Excelentísimos Ayuntamientos se oponen á la bicicleta: aquél habiendo venido á establecer su corte en esta colección de cuestas que forman el suelo madrileño, y éstos siendo cada día más consecuentes en la leal conservación de los malos empedrados. Por esto, si no existieran el Retiro, la Castellana y el Pardo, stría inexplicable el incremento tomado por el velocipedismo en Madrid. Este mismo inconveniente ha sido últimamente perjudicial á la afición ciclista. Ha llegado este sport á las últimas capas, y han empezado á verse por esas calles hasta golfos en bicicleta. Y es ley de la vanidad humana que cuando éstos cogen una cosa la dejen los de arriba. En París, para contrarrestar ante el público la mala obra de los gamins y de los declassés convertidos al ciclismo, tuvieron que oponer el Omnium y más tarde el Artistic Cycle Chtb, dos sociedades ciclistas que cuentan en su seno lo más high del gran mimdo.