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0 ¿A l. ¡Mi V: i i te li c k áf La llama, sin que nadie la llamara, saltando y esoapiendo escapóse á pedir qne la apagasen á. casa de un bombero. Las vacas, tan contentas, iban á Santa Cruz, á un nacimiento mas vieron á Becerro de Bengoa y optaron por Becerro. El oso, al verse libre ¡qaé iba á hacer! se marchó al Ayuntamien ento á buscar el madroño, y encontróse que había muchos de su casta dentro. Se largó el cocodrilo casa de la suegra de un sujeto con la coal está unido, según dicen, por lazos de indudable parentesco. El tigre de bengala fué á ofrecer la bengala á nn pirotécnico. ha. foca, dando tnmbos por las calles fué á casa de un fot grafo oiuy bueno. ¿Por qiié fué allí la foca? Por el gusto de enfocarr ái unos cuantos caballeros. La zorra creyó qne iba á ser para las gentes algo nuevo, mas llevó un deseñgafio en la carrera en la carrera que emprendió al electo. 1 oAjestruz y el mu: o, de sus jaulas los últimos huyeron. Al cmestruz, un crítico famoso le hizo entrega del puesto. para irse á descansar, y en cuanto al tmco ya sé sn paradero: el mico, usted, lector, se le ha llevado al echarse estas líneas al coleto I JUAN PÉREZ ZÜÑIGA -SA v. k A En la Casa de fieras del Retiro, en donde hay unas cuantas de respeto, el gruarda qne se encarga de ofrecerlas el diario snstento y las lava y las peina, por descuido se marchó el otro día tan sereno sin echar los cerrojos de las jaulas de hierro. Vieron las fieras su salida franca y todas se salieron. sembrando gran terror entre Ists gentes que encontraban por caites y paseos. Mas jlo qne es el instinto! sin que nadie pudiera interrumpir su derrotero, cada una de las fieras escapadas se fué á sitio diverso. El áffm la, al bazar de ropas hechas del misrao nombre se largó en nn vuelo. La leona, sin duda harta del macho con quien vive hace tiempo, se escapó, sin decirle nna palabra, á ver á. los leones del Congreso y á pedirles de! queso en que se apoyan y á timarse después con uno de ellos. El león, á quien daba la calentura en tan feliz momento, se marchó, como es lógico, en dos brincos á qne le viera un médico. La tortuga, luciendo sus andares, tomó de la estación el rumbo cierto y ofrecióse á tirar ella sólita de un tren de los que llaman de recreo. o -u. Oc J í 3 L. cLfí i r Vi m a J LvL i. íí r