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imestibles, el maestro de guitarra, todos respiran el aire del arroyo, todos aportan á la obra el ambiente de lá calle. Y si á esto se añade lo bien dispuesto del cuadro del patio de caballos de la plaza de Madrid antes de empezar la corrida, la salida de las cuadrillas, los toques de clarín, las voces de los que pregonan las naranjas y aVá va el agiial, el griterío de los tendidos, toda esa vida de la plaza una tarde de toros, se encontrará, para el que no lo viera, muy justificado el buen éxito que ha tenido en el teatro de la Zarzuela El padrino de El NenfT. El público, que tiene, á no dudarlo, un instinto muy poderoso, adivinó desde 1 8 primeras escenas que tenía por deCUADBO PKIMEKO- ESCEJNA V lante una buena obra, no uno E L NKNK (Sr. Monoayó) -La falta de ejercicio debilita mucho. de esos embuchados cómicoCHAVITO (Sr. GonzálezK- Y el abuso de las legumbres. líricos que se estrenan, desgraciadamente, con mucha frecuencia, y aplaudió, aplaudió desde los primeros momentos. H a resultado, pues, para la empresa la obra de Romea, no El padrino de El Nene sino El padrino del teatro de la Zarzuela. jBuen bateol La música, digna consorte del libro, tiene cinco números que acreditan la inagotable iuspirai: ión del maestro Caballero y aumentan la buena hoja de servicios de Hermoso, que es u n laborante como pocos; esto de laborante, en el buen sentido de la palabra. Sobresalen en la partitura un dúo de lorte delicadísimo y un cuácelo de mucho color madrileño. Así que con estos factores t a n importantísimos, natural era que la gente de tablas se animara y se creciera con la obra, y así sucedió. Conchita Segura, á quien conocía muy poco, se reveló como excelentísima actriz, dando á su tipo tal relieve, q u e p o r mucho tiempo será su mejor garantía el personaje q u e h a sabido crear con tanto acierto. Gonzalito ha tocado con fortuna el papel más simpático del sainete; Moncayo hizo un iVieme mayor de edad; García Valero encarnó tan bien en el tendero, que el público premió con uu aplauso su presentación en escena; Nieves González muy acertada, y Pablito Arana bien. CÜADKO T E K C E K O -E S ü E N A E l í J A L CHA VITO. Que viene el jabonero! ¡A h! Komea como las propias rosas, y Orejón bien, y mejor estaría si evitara ese modo de hablar que recuerda tanto á un popular actor. Y no sigo más, porque, como diría el baturro del cuento, se m e h a desgastao el cepiirrio del bombo de tanto arréale. Pero ¡qué demonio! cuando hay ocasión de aplaudir y se aplaude, ¡qué descansado se queda uno! Luía GABALDÓÍJ. Fotografías de U. Franzen, hachas expresamente para BLANCO T NKOKO durante la representación de la obra.