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Kisr XvJL o u K í i í i i L A Cuba fué el coi- onel, y en pos su asistente fiel; cuando en el Prado se supo la noticia, en más de un grupo vertieron llanto por él. Siempre feliz y contento, alegraba el Vejerano la vida del campamento con la guitarra en la mano por el vecino collado todo un ejército armado siguiendo á una nmjerzuela. ¿Quién vive? el quinto gritó. -Cuba lib tartamudeó un jimio en traje de gala 1 Bendita la amiga bala que frase y vida truncó 1 Trabóse lid al instante, me dio la muerte una cita. Si acude, me encontrará; si no acude. Dios dirá lo que ha de ser de los dos; y en tanto resuelve Dios, vengan mandingas acá. Dijo, y de su cuerpo haciendo arma y esiudo á la vez, ya cejando, ya embistiendo, í Kr i 3 fe y en su madre el pensamiento; pero igual uno que mil, donde un rostro de pizaira dejaba ver el perfil, lo que arrope en la guitarra era plomo en el fusil. Y hablando del de Vejer, de la tropa favorito, este lema llegó á ser: Quien se beba este Frasquito, I ya puede echarse á beber! Una noche de repente, mientras cansada la gente tranquilo sueño dormia y espesa la lluvia hacía de cada arroyo un torrente, vio asombrado un centinela descender con gran cautela lucharon seis contra ciento llevándolos por delante, y el I viva España! distante retumbó en el campamento. Mezclados en el tropel, van uno de otro detrás Frasquito y el coronel; un duelo parece aquél, á ver quién avanza más. De pronto el jefe se para; nub audo sus negros ojos cubre la sangre su cara, y advierte, no sin enojos, que el vigor le desampara. Mas su asistente está allí. Huye y sálvate, le grita, mientras se ceban en mil- ¿Huir yo, señor? Aquí siguió el combate tremendo de uno sólo contra diez. Luego, al escuchar las voces que daban sus camaradas, y al ver que huyendo veloces los contrarios renunciaban á sus designios feroces, con ánimo decidido, si con el cuerpo molido y la ropa hecha pedazos, tras de curar al herido tomóle con ambos brazos. Y ya en él peligro fiel, ya constante en la bondad, probó, al salvarse con él, ¡que valor y caridad merecen igual laurel! MANUEL DEL PALACIO DIBUJOS DB HUERTAS