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por ejemplo, los pobres soldados del 70 p o r aquel infierno rodado de la artillería prusiana. No; aquí el soldado, al ser herido, hiere también; al caer exánime, qnizá su alma snbe agarrada á Ja d e su matador riñeudo también por los espacios; oíd el relato de los hiválido que regresan, y todos os dirán cuan caro costó al enemigo el brazo ó la X) ierna que traen de menos. Y todos estos hechos son acogidos con avidez por la opinión, son detallados por los corresponsales, hacen correr d e boca en boca el nombre del héroe, que al volver es objeto de ovaciones continuas, especie d e glorificación jamás concedida á u n pobre sol dado. Muchas veces hemos visto este caso, y otras mil le veremos repetirse antes d e que acabe la guerra, poique la opinión, con maDESCANSO D E U N A COLUMKA ravilloso atisbo, acierta á comprender toda la grandeza y desprendimiento que encierra la acción de un hijo del pueblo, sin aspiraciones, sin estímulos, sin el famoso baetón d e mariscal en la mochila pobre labriego que á los dos meses de dejar el terruño es u n héroe de la patria, y qne dentro de un p a r de años, otra vez en su tierra, pensará que todas sus heroicidades y proezas son los ab urdos de n u a pesadilla. ¿Quién obró el milagro? ¿quiéu hizo al labrador soldado, atleta al niño, héroe al patán? Aquí si que h a y que pensar solamente en la masa de la sangre, en la misteriosa pero aplastante influencia de la liistoiiA, en el poso que dejaron E L CIJADEO muchos años de tranquilidad, y que ahora al revolverse tiñen con el color d e nuestros héroes legendarios á los infelices que d e tales héroes n o oyeron hablar n i u n a vez siquiera. El soldado así, repentino, improvisado, es el soldado de Cuba, y es el mejor d e los soldados del mundo. Porque en su corazón de niño se albergan todos ¡os entusiasmos; porque como nada conoce, no conoce el miedo tampoco; porque en vez de re. -guardar el pellejo y hojear á ratos la gramática p a r d a d e los soldados d e oficio, lánzase á la trinchera, al monte, al manigual, á donde le dicen, sin más móvil que el estímulo de no ser el último, sin más acicate que el de 8 U amor propio herido por la última contrariedad ó excitado por la menor arenga del jefe. LUIS E O Y O Fotografías Gómez Carrera VILL. 4. N 0 VA