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irS A DESCARGA parte de ellos, saltando y jugueteando desde el cuartel á la estación, estaban emulando sin enterarse ellos, sin enteriirnos nosotros, sin enterarse quizás más que los propios enemigos con quienes luchaban, las glorias y proezas del soldado español en todo lugar, en todo tiempo y contra toda clase de rivales, pero más especialmente las glorias y proezas de aquellos soldados sufridos, resistentes, sobrios, callados hasta el martirio, aquellos que en torno del Gran Capitán esperaran, días y días, con fango á la cintura, á que sonase la hora del Garigliano, y que en los Países Bajos marcharon en pos de Alejandro Farnesio, haciendo vida anfibia entre los desbordados canales de Holanda, y cuidando de proteger contra el agua, no sus cuerpos martirizados, sino la pólvora de sus arcabuces. Felipe II dijo para consolarse de la pérdida de la Invencible, que él no la había enviado á pelear contra los elementos. Si esta razón valiese para el pueblo españo ya se habrían acabado nuestras guerras coloniales, porque tampoco tendríamos colonias. La lucha con el enemigo el combate en cualesquiera condiciones, las que él quiera elegir, es j! para nuestros soldados no solamente lo más sencillo de la campaña, sino el premio de las fatigas sufridas en ¡a marcha, de las impaciencias soportadas en el fuerte, de los olvidos de que fueron víctimas en tal ó cual destacamento apartado, de todas las penalidades, miserias y penurias que una guerra como aquélla lleva consigo. La crónica de esta guerra, como la de la guerra de diez años, está llena de episodios conmovedores, de heroicos detalles, de pequeños encuentros, que sin añadir ni quitar laureles á la bandera, cubren de éstos las sienes del soldado, cuyo valor personal y estupendo coraje quedaron demostrados en aquella ocasión. De ahí que el soldado de Cuba no sea el héroe ano nimo de las grandes batallas, el que cae como espiga segada con otros y W J otros cien al ser barridos por la metralla enemiga, como eran barridos. D E F E N S A D E UN