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n e s acordóse salir á las doce de la noche, navegar de madrugada, y al romper el día comenzar la alegre caza cerca del coto de Oñana. Así se hizo; algunos amigos de los cazadores, compañeros de otras excursiones, llegaron tarde, cuando el vaporcito surcaba el río, y con sentimiento oyeron los cantos de los que iban, acompañados de castañuelas y acordeones, y las paletadas de la hélice cada vez más lejanas y más presurosas, como si el barco, arrastrado por la fuerza del destino, tuviese m á s deseo de correr á donde le arrastraba la muerte. Pasaron horas. Rendidos de la broma y la algazara, comenzaron muchos á recogerse; fría la madrugada, buscaron en la cámara refugio, cerrando sus puertas y esperando el amanecer. Sólo D. Antonio Martínez, el patrón del barco, quedó sobre cubierta dirigiendo el vaporcito, que seguía veloz el curso de la corriente. ¿Cómo U A OKACIÓN E N LA OKILLA ocurrió la catástrofe? ¿quién faé el culpable de ella? E s lo cierto que la mole obscura de un barco grande vínose sobre el Aznalfaraclie, y que ambos gobernaron para evitar el choque; los pasajeros, adormecidos aún, los que discurrían sobre las peripecias que esperaban, oirían un golpe ensordecedor: tablas que crujen como quejándose, hierros sacudidos y golpeados por fuerzas inexplicables, y una avalancha de agua fría y terrosa que entra en el barco cual una ola de muerte, lo llena, lo hunde. ¿Flotaron algunos? Eutonce. o, ¡qué angustias por ganar, á la incierta claridad del día lejano. Jas márgenes del río en aquel Canal de la Mata ancho de dos kilómetros, y con qué amarguras infinitas verían perdidos sus esfuerzos y rotas sus ilusiones, lejana la orilla, lejos, muy lejos el barco Torre del Oro, que no pudo parar su máquina inmediatamente, y á muchas leguas de la ciudad, para quienes sería de los pobres náufragos el último pensamiento I De loa cazadores solamente salvóse el 8 r. Fe. ¿Cómo? Ni él lo sabe; cuando puede darse ligera cuenta de lo ocurrido recuerda, como entre nubes de sombras, aquel cuadro pavoroso. Puestos en práctica los trabajos de extracción, encontróse al buque sumergido en el Caño de la Mata. Enviáronse los vaporcitos Jvmena y Destello, E L BtrZO JOSÉ ARRA. TO y bajo la dirección del ingeniero jefe de las obras Y ET, TAPOE JI. p; N, V EE. MOI. CASDO UN LANCHÓN COK LOS CAD. iVERES del puerto se hicieron los trabajos. El único encargado de ello ha sido el bravo buzo Arrajo, que uno á uno extrajo once cadáveres, que eran amarrados á la lancha donde se hacían los trabajos. La lancha volvió á Sevilla con los cadáveres, remolcada por el vapor Jimena, á cuyo bordo íbamos. La luna creciente llenaba el barco de incierta clarid- ad; veíanse á lo lejos las luces del Bajo de Guía, que nos daba escolta, y cuyo patrón es hermano de Suero, una de las víctimas que venían en el lanchón. Este, remolcado por el vapor, navegaba con su horrible carga, y al acercarse veíamos los seis contomos de los cadáveres, mal cubiertos con la lona negra, y asomando por ella los pies. La noche era desagradable y fría; el viaje, interminable; muchas horas oyendo el mismo sonsonete de la máquina, el mismo pasar de aguas, de árboles negruzcos, de caseríos, de chozas; algunas luces en la orilla, barcos parados en el río como abandonados, y los pueblos ribereños, en algunos de los cuales mucha gente señalaba desde la obscuridad de los muelles aquel bote que nos seguía conduciendo la señal de una espantosa hecatombe. E l recuerdo de ésta será largo y doloroso en la hermosa ciudad del Guadalquivir, pero más larga y duradera será en nosotros la impresión de este fúnebre viaje por el río escoltados por el lanchón repleto de cadáveres. JOSÉ GARCÍA RUFINO I iBü. rns DE AllPA n. TOAN ANTONIO KE ÚNlrO SUPERYIVIENTK DE T. A CAT. (RTROEE