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A otra parte, pues, con la música y con el dinero. Hoy por hoy, todas las medallas, todos los diplomas, todos los honores y veneras que puedan apetecer los españoles sólo se conquistan en una parte. E n Cuba. Guerra en Cuba, guerra en Filipinas... ¿Se quiere más para el enardecimiento de la patria? ¿se quiere más para la mayor exaltación del general No importa? Pues aún hay más: Guerra en Cuba, Guerra en Filipinas y Ouerrita en Madrid. El bravo diestro cordobés ha prescindido de antipatías y resquemores, y ante el llamamiento de la Caridad acude solícito á torear en la plaza de Madrid á beneficio de los soldados heridos ó enfermos. Para alganos esta abnegación de Guerrita es sólo comparable á la abnegación de los partidos políticos antillanos, que, en bien de la patria, h a n prescindido también de antipatías y re squemores para torear en el ruedo común mientras quede un insurrecto enchiquerado del lado de allá de la trocha. Torear el Guerra en Madrid es hacer subir la Bolsa. Es afeitar á Mac- Kinley, por si no está bastante afeitado. E s decir al capital español: Señores, ¡al empréstito, aunque haya revendedores! Es hacernos olvidar al Dr. Betances y al Dr. Eiza pava hacernos pensar tan sólo en el Dr. Pangloss. Hoy el cielo y la tierra nos sonríen. Y añadan ustedes á las promesas del cartel que Lagartijo y Frascuelo vienen de asesores. De asesores ¿No habrá en ello un error? Dado lo envidiable de sus respectivas manos izquierdas, ¿no es más lógico que hayan salido para asesorar uno de ellos en la provincia de Cavite y otro en el puerto de Mariel? La fatalidad pesa sobre los teatros en esta temporada tristísima. Mientras el público se retira por un lado, aburrido con el género grande é indignado con el género chico, por aquéllo de el que con géneros chicos se acuesta 5,1 a autoridad y el fisco no dejan de meterse con las empresas, limpiando en la taquilla lo poco que dejaron algunos forasteros. Salta el gobernador y dice: -Es preciso que la últirha función no acabe tan tarde. -Descuide usted; desde mañana la última función acabará antes que la penúltima. Pero la promesa no se cumple, como es natural. Y multa al canto, á la letra y á las decoraciones. Después de la autoridad gubernativa ha sido el Erario público quien se ha metido con Talía, orde nando u n impuesto sobre las localidades y entradas. Ahora es el Tesoi o municipal el que se propone seguir tan digno ejemplo. Y las empresas, abrumadas, han puesto el grito en el quinto cielo. -Pero oiga usted, le dicen al municipal encargado del nuevo gravamen, ¿nosotros vamos á trabajar para el obispo? Pregunta injusta á todas luces. La autoridad eclesiástica no se ha, fijado todavía en las empresas de teatros. Más bien ocurre todo lo contrario, puesto que las empresas piensan apelar al nuevo Nuncio en cuanto llegue á la villa y corte. Realmente, el flamante arbitrio municipal es injusto á todas luces. Eso, señores concejales, es para los teatros una mala obra. Y, francamente, ya tienen bastante con el repertorio. LUIS ROYO VILLANOVA D I B U J O S DK C I L L A