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Á OCHO DÍAS VISTA Cómo viene Noviembre. -Los yankées Í 3 e enhorabuena. -La elección presidencial. Un presidente sin pelo de barba. -Las caricaturas del Pucfc- Alrededor de Ja Eirosición de París de 1900. Guerñta en la plaza de Madrid. -Los asesores- -Algo de teatros. V -Gran mes el de Noviembre para los yankées. ¿Por qué lo dice usted? ¿porque Ja Iglesia celebra la festividad de San Eugenio? ¿porque en este día memorable todas las encinas del Pardo brindan con sus bellotas á los aficionados á tan sabroso fruto? -No, ciertamente. ¿Qué tienen que ver con nuestro Peal Sitio del Pardo los electores de Ohío, de Massacbussets, de Nebraska y de Washington? ¿Ni qué importancia tendría el Pardo allí, donde tanto de día como de noche todos los sitios son pardos? Digo que es gran mes el de Noviembre para los yankées, porque en él se ha verificado la elección presidencial. -Es verdad; lo mismo que en España, el mes de las elecciones es siempre el mes de los Difuntos. -No compare usted nuestra comedia electoral con la grandiosa elección norteamericana, que acaso tenga desenlace trágico. Vaya un rumbo! ¡vaya una faena! I vaya un Mac- Itinley guapote y afeitadito! -Eso es lo más chocante: un presidente sin pelo de barba. Pensando en eso y pensando á la vez en San Antón, á quien los yankées deben de guardar afición devotísima, decía un golfo sin atreverse á predecir el resultado de la lucha electoral: Si sale con barbas, San Antón, y si no Mac- Kinley -Pero vamos á lo importante. ¿Cree usted el nuevo nombramiento de buena ó de perniciosa influencia para la cuestión de Cuba? -Allá veremos; por lo pronto, hay tiempo de por medio; hasta Marzo próximo no ha de entrar Mac- Kinley en la Casa Blanca, y para entonces puede que le haya crecido el bozo y puede también que los bigotes de Maceo estén pudriendo tierra. La capilografía tiene mucha importancia cuando el problema estriba en vivir ó en no vivir al pelo. -Eealmente, hoy el rostro de Mac- Kinley tiene de todo menos de pacífico. Es una cara napoleónica. -En efecto; vestido de Napoleón y ataviado como Napoleón, le representa siempre el JPuck en sus caricaturas; mas ¿cuándo hemos temblado nosotros ante los Napoleones? -Nunca; quizás este capitán del fin de siglo tuviera en sus empresas bélicas otro Waterloo. -U otro watter closse, digámoslo en yankée. En cualquiera otro país que no fuese el nuestro, bastarían las tentativas y peripecias del llamado (sin haber tenido respuesta) empréstito grande para que se nos cayeran los palos del sombrajo, reconociendo cuan ficticio y disparatado es eso de la amistad francesa y cuan imposible y absurda) a alianza franco- española. Pero estamos todavía en la edad del pavo. Aún es moda en España el ser francófilo, lo cual nó ha de impedir que yo sea franco sin filo; ni punta, por supuesto. r Y es el caso que en medio de los apuros y afanes que nos reclaman, todavía tie V nen tiempo los ministros de ocuparse en la próxima Exposición de París, discurrien do el modo y manera de que España concurra oficialmente al certamen de 1900, que tantos enemigos tiene en toda Francia, excepción hecha de París, para el cual es el caldo gordo de estas Exposiciones. Quédese París con sus rusos y nosotros aquí con nuestras capas. ¿Por ventura ha acudido París á la Exposición nuestra de este verano, á la exposición de nuestro crédito? No le traía cuenta. Tampoco á los españoles creo yo que les trae cuenta maldita concurrir á la Expos sición futura, cuyo principal atractivo ó clou es el puente de Alejandro III, que cruza el Sena de orilla á orilla; idea ingeniosísima y sublime en verdad, porque, como dijo Gedeón, si se les ocurre hacer el puente á lo largo del río, no acaban de construir en toda la vida.