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neoido gracias al concurso de Luis París como inteligente director de escena, de Mariano Benlliure, Saint- Aubín y Lhardy como autores de Jos figurines, y de Bussato y Amalio como pintores escenógrafos. Con esto han quedado justificados los buenos propósitos. que informan á la empresa de presentar las óperas con equidad y aseo, cuidando de) a mise en scéne, refrescando los telones antiguos, construyendo nuevos vestuarios y dando á conocer obras modernas, esfuerzos muy laudables en una empresa que tiene que luchar con la rutina y la apatía de muchos elementos. Espero que, como hasta aquí, siga la dirección escénica cuidando las obras con cariño, estudiando en ellas sus necesidades, y así se podrá evitar que en El Profeta, or ejemplo, cuando! a comitiva ee diiige á la catedral y se sitúa en aquella plataforma entonando la célebre marcha, parezca una repartición de premios en el Conservatorio; como eri el aquelarre del Mefistófeles aquella danza infernal es una danza de ñañigos, y aquellos espíritus lamparillas de día de Difuntos, así en La Africana, en tanto que una horrible tormenta so desata en el mar, el barco está más firme que Castellano en el ministerio, y la t r i p u l a c i ó n en vez de subir á cubierta por las e s c o t i l l a s sale porlos bastidores de ropa con la mayor n a t u r a lidad. ¿Pues y aquel jardín de Fatisto, donde el césped se imita con felpudos? Todo eso debe desaparecer, como las rutinas de los artistas. Todos los tenores en Lucía dejau la capa y el sombrero en el suelo para cantar la romanza del último acto, ignoro por qué. Todas las tiples que se vuelven locas salen vestidas de blanco, y en cnanto les falSKTA. L U I S A T E T K A Z Z I N I SKI. OR UTI ta la razón se lioñna Fígaro sueltan el pelo inmediatamente. También ignoro por qué toman esta medida. Y padecen delirio de persecución; delirio de persecución por la flauta, á la que siguen sin descanso. El coro tiene muy buen cuidado de respetar el aria de la tiple hasta el final, que ee entrega á piadosos comentarios sobre el estado de la pobre señora. La tiple, en estos casos, no tiene confianza niás que en una persona, que generalmente es la comprimaria, verdadera especialidad para interpretar domésticas fieles. El padre, que es el bajo generalmente, a n d a encorvado toda la noche por la escena á causa de sus malos instintos, pues en el teatro todos los que tienen malos sentimientos andan así, ellos sabrán por qué. No así el tenor, que se presenta gallardo, gentilísimo en busca de su amada, la que al verle recobra la razón perdida, para que por lo menos puedan cantar un dúo de común acuerdo, en el que ha de resolverse todo antes del calderón. E l padre, á última hora se endereza y los absuelve. De la misma manera, no sé por qué razón han de cantar media romanza en la batería de la derecha y la otra media en la de la iizquierda.