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CRÓNICAS RETROSPECTIVAS El t e a t r o Real d e Madrid. -Vicisitiides de sus obras. -El c o n d e de San Luis. -La primera función. 19 de Noviemtore de 1850. Favoritan p o r la Alboni. -Isabel II y s i c o r t e -A s p e c t o de la sala. Gran día fué para la sociedad aristocrática de Madrid el 19 de Noviembre 0. Celebrábase el santo de 8. M. la reina doña Isabel II. A las doce había pasado revista í n el Prado á las tropas de la guarnición el capitán general 8 r. Nor agaray, Se había inaugurado con gran pompa y asistencia de las reales personas ¡a Exposición de la Industria Española, instalada en el piso bajo del ministerio de Comercio gracias á los cuidados del ministro D. Manuel de Seijas Lozano, secundado por los directores D. Antonio Gil de Zarate, D, José García Otero y D. Cristóbal Bordíu. y el pueblo se había solazado contemplando en la plaza de la Armería los suntuosos trenes en que los individuos de la grandeza iban al besamanos que se celebraba en Palacio en honor de la joven y entonces muy amada soberana. Pero ninguno de estos actos que se desarrollaron durante el citado 10 de Noviembre de 1850 le hicieron memorable. El suceso verdaderamente notab e fué la inauguración del teatro Eeal, ó teatro de Oriente, como se decía entonces, que se celebró aquella noche. ¡La inauguración del teatro Real I Y a hacía tiempo que no se ha biaba en los círculos elegantes de Madrid de otra cosa, y en el palacio Oervellóh, en casa de Weisweiller, en las tertulias de Sotomayor, de Molins, de Miraflores, de Malpica, que eran entonces los principales salones abiertos en la capital de España, circulaban á diario noticias acerca del acontecimiento. Del casino del Príncipe no hay que hablar. Desde allí se seguían paso á paso los preparativos, y cada vez que entraba en los salones el coronel Santiago, alma de la nonnata empresa, era asediado á preguntas, y sus contestaciones se apreciaban con interés. La expectación estaba en cierto modo justificada, pues las obras del teatro de la plaza de Oriente habían sido la preocupación de los madrileños hacía m á s de treinta años. EL OOiTDB B E SAH LITIS E; mes de Abril de 1818 quedó convertido en extento solar el sitio que 0 upó el antiguo teatro de los Caños del Peral, y se concibió el proyecto de levantar allí un nuevo y suntuoso coliseo. El arquitecto D. Antonio López Aguado trazó planos, y comenzaron, no con gran acüvidííd por cierto, las obras, que hubo que suspender en Julio de 1820 porque faltaron los fondos que suministraba la Contaduría general de la Real Casa. Se reanudaron algún tiempo después, pero los sucesos de 1823 no eran los más favorables para pensar en teatros ni en bellezas artísticas, y cuando en 1831 tuvo la desgracia de morir el arquitecto D. Antonio López Agnado, no se llevó al otro mundo el consuelo de ver muy adelantada su obra. Le sucedió D. Custodio Moreno, con el especial encargo de no separarse de los planos de su antecesor, pero volvió á faltar el dinero, los ániqíos estuvieron preocupados por importantes sucesos, y los madrileños, que habían visto el local destinado á depósito de pólvora unas veces, á la celebración de bailes de máscaras otras, y á augaeto recinto donde celebraban sus sesiones los diputados á Cortes durante algún tiempo, habían perdido la esperanza de ver terminado el teatro. Peto había una voluntad poderosísima interesada en que el coliseo se terminase, la de la reina, y aunque los deseos de la soberana se habían visto detenidos ante el expedienteo y la apatía característica de los asuntos españoles, adquirieron vigor cuando la augusta señora encontró u n hombre para el que no existían los obstáculos cuando quería realizar lo que se proponía. Este hombre era el Excmo. Sr. D. José Luis Sartorias, conde de San Luis. E n Mayo de 1850 despachaba por primera vez con S. M. como ministro de la Gobernación, y la reina, que tenía u n gran empeño en ver terminadas las obras del teatro, le habló con tanto interés de este asunto, que el hábil ministro comprendió que ganaría mucho en su real aprecio el que la complaciese, y cnmo la voluntad de la soberana entraba por mucho en aquellos tiempos en la formación de los ministerios, el conde de San Luis puso todo su empeño en que sus deseos se vieran cumplidos, trabajando además en esta cuestión con agrado, porque satisfacía sus gustos de artista y prestaba u n servicio á su partido, que se arraigaba en Palacio. En Mayo prometió á la reina que el teatro se inauguraría el día del santo de la soberana, y en efecto, el 19 de Noviembre, en que celebra la Iglesia la fiesta de Santa Isabel reina de Hungría, todo estaba preparado. Ayudaron poderosamente al conde de San Luis en la realización de sus propósitos el coronel de Estado Mayor don I eonardo Santiago, el alcalde corregidor de Madrid, marqués de Santa Cruz, y D. Pedro Jiménez Haro, constituidos en j u n t a para dirigir los trabajos El alma de esta junta fué el coronel Santiago, persona de gran cultura, de u n delicado gusto artístico y de genio emprendedor, que no encontrando obstátailos en las esferas gubernamentales, realizó verdaderos prodigios, contribu yendo no sólo á la terminación de las obras del suntuoso coliseo, sino á la formación de la orquesta, de los coros y de la compañía.