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y á esto obedece á su vez el empeño demostrado por las autoridades en cerrar los cementerios á piedra y lodo, como parece que h a dispuesto la autoridad en el año presente. No sé qué fórmula habrán empleado en el Gobierno civil para hacer saber semejante determinación al pueblo soberano. Probablemente, en las puertas cerradas de los cementerios se pondrá el siguiente cartel, que es el de rúbrica: Cerrado por defunción. I os que han querido explicarse mejor la medida gubernativa, han averiguado que ésta se funda en la epidemia variolosa. Pero qué, cerrando los cementerios, ¿van á disminuir las defunciones? Sobre que el contagio va á aumentar extraordinariamente. Porque de viruela ó no de viruela, ¡cuántos fieles se sentirán picados! Esta vez parece que va de veras. Las operaciones en Cuba van á empezar á Troclia y moche, y la toma del campamento de Cacarajícara no es más que un ligero desayuno en comparación con lo que ha de venir detrás. Una, dos, tres, cuatro columnas se mueven en persecución del cabecilla mulato, y no es de esperar que éste haga con ellas lo que Sansón con las del templo; lejos de ello, sobre tan briosas columnas se puede edificar muclio si el encargado del cotarro conoce lo que es arquitrabe. Ksto para la nación no tiene Vuelta de Abajo; y no digo vuelta de hoja, porque ni hoja debe quedar en Pinar del Eío. Kl general Weyler se apercibe al combate, que para todos ha de ser decisivo. Requiere su armadura, embraza su adarga, empuña su lanzón, y cruzará U n trocha ¡Alea jacta est! No tiene que repetir como Enrique de Bearne: Seguid á mi penacho blanco! La patria le seguirá sin quitarle ojo, ¡Quiera Dios que el mes do Noviembre sea el dichoso mes de que habla el refrán! El mes de Todos los Santos para las armas espaflolag. El mes de las castañas para Maceo. El mes de las bellohas para los yaiikées. La represent. ición de La Hija del aire en el teatro Español ha puesto de relieve que ni el piíblico sabe apreciar gran cosa las arqueologías, ni nuestros actores aciertan á encarnar y á vestir personajes de otras edades. Tratábase aquí, es verdad, de tiempos demasiado remotos y de vestimentas sobrado arcaicas; pero aun viniendo á épocas y trajes más cercanos, nuestros actores no están hechos á bragas; á las capas del siglo X V I I siempre les buscan los embozos, y meterles en calzas es, con raras excepciones, meterles en calzas prietas. Por estas razones, y para dar un nuevo atractivo al eterno Tenorio de estos días, empresario h a habido que pensó hacer representar el drama de Zorrilla con todo modernismo y enviando al diantre la propiedad histórica y hasta la propiedad intelectual. El D. J u a n con smoking y chaleco blanco, Brígida con impertinentes, Ciutti con dos hileras de botones, el Comendador con monóculo, y doña Inés con falda de las de candil y mangas de las de farol; ¿quiérese mayor novedad? Un Tenorio asi ganaria el record de la actual temporada El primer cuadro se desarrollaría, no en la taberna de Butarelli, sino en Viena ó en la Cervecería Inglesa; el cuadro de los desafíos ¡ya se sabe! en la quinta de Sabater y no en la quinta cercana al Guadalquivir; los ovillejos del cuadro se i gundo los diría el galán en bicicleta, y el capitán Centellas saldría con uniforme de r. ayadillo. Y se probará ¿quién lo duda? no sabemos en qué pista ó en qué escenario. De esta suerte, es seguro que la noche de Difuntos vagará por ahí u n alma en pena: la inmortal y privilegi. ada de D. losé Zorrilla. r. TTTS ROYO VTTLANOVA PTTÍTI. TOR nfü CILLA