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Á OCHO DÍAS VISTA A cabo de los años mil. -La Inquisición de ahora. -Buscando la piedra filosofal. Alrededor del empr stico grande. -Cánovas ó el hijo pródigo. -Linero nacional y oro judío. -El d ía de Difuntos. -Los cementerios este año. Dios mío, qué solos, etc. -El pretexto de la viruela. En fnba: las operaciones en grande. -Frente al mes de Noviembre. -Algo de teatros. -Ln Tenorio á pedir de boca. Tiempo hubo en España, cuando la Santa Inquisición estaba sobre todos los poderes seculares, en que no se podía hablar, y mucho menos escribir de cosa alguna sin peligro de verse envuelto en un largo proceso de herejía, so pretexto de cualquiera sutileza dogmática ó de aquella otra minucia teológica. Plumas tan ortodoxas y ejemplares como la de Fray Luis de León, y aun la misma de Sor M a n a de Agreda, viéronse entorpecidas por aquella oficiosidad y aquella santa rutina de los jueces inquisidores. La Inquisición h a pasado á la historia, y la forma inquisitiva en el curso de los procesos ha desaparecido también de nuestros modos de enjuiciar; mas por otros caminos y en otro orden de ideas, es ahora imposible escribir de nada ni de nadie sin peligro de que la prensa oficiosa nos tache de fili busteros. La oposición al Gobierno, los comentarios á la guerra, las conversaciones sobre el empréstito, son peligrosas libertades que únicamente pueden aprove char á la causa de los enemigos de España. Y, sin embargo, hay que hablar de ello á falta de asunto más satisfactorio. ¿Ni por qué ha de ser antipatriótico relatar los apuros, afanes y malos ratos sufridos por el Gobierno al 1 uscar dinero fuera de España, cuando eso no se traduce sino en elogio y loa del pueblo español, que daría su dinero para la guerra con la misma generosidad que h a dado su sangre? Las vigilias y cavilaciones del Sr. Cánovas alrededor del empréstito grande, ¿no son semejantes á las del perturbado alquimista empeñado en sacar oro de las piedras? No está aquí la maldad en los comentarios, sino en el hecho que los motiva. ¿Qué hubieran dicho las naciones extranjeras si al s u r g i r í a guerra de Cuba hubiéramos buscado los hombres fuera de España, contratando un ejército de mercenarios y condottieri? Pues el intento de empréstito grande no era otra cosa sino ir á buscar dinero mercenario condottiero. Por fortuna, y para escarmiento de Gobiernos españoles, no han dado resultado alguno los encarceos practicados de la frontera para allá; el hijo pródigo vuelve arrepentido á la casa paterna, y los ministros conservadores, que por lo visto creían vivir en un país de pobretones y de mendigos, acaban por donde debían haber empezado, y pedirán dinero á la nación, que lo dará con gusto y generosamente, porque quien da la sangre de sus venas, ¿qué cosa podrá negar? Sólo el dinero de los ricos puede contrapesar la sangre de los pobres. Sobre que el dinero de la patria es tesoro bendito. Mientras que el oro de la banca judía siempre tendría el sonido ingrato de las treinta monedas que sirvieron para comprar á Cristo. La solemnidad de los Difuntos siempre dio lugar á una de las fiestas madrileñas más alegres y animadas. Aquí, donde tanto se suspira por el arbolado, es grato merendar junto á los troncos, siquiera sea de ceñudos cipreses ó de melancólicos y desmayados sauces. Si es verdad que los muertos oyen, ¿no ha de serles más grato el sonido de las carcajadas y el ruido de los dientes que el suspirar de los pechos entristecidos? A estos principios epicúreos obedece sin duda la costumbre inveterada de merendar junto á los nichos, clara prueba de que aquí no se tiembla ante la muerte. Pero si no ganamos en virtud, prosperamos en hipocresía,