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SILUETAS POLÍTICAS NOCHE TOLEDANA ¡Mal arrebujado el busto entre puntillas y llecos que de la mullida cama adornan las blancos lienzos; torcido el clásico gorro, puestos de punta los pelos, por siniestra pesadilla turbado el plácidíj sueKo, no descansa el infeliz Presidente del Consejo. Ve con los ojos del alma, lleno de terror dantesco, poblado el obscuro espa- -ifi do fantasnras y de espectros, cuyas formas y actitndes, cuyos perfiles siniestros encarnan y toman vida en su loco pensamiento. Sobre un pelotón de frailes heridos, rotos, maltrechos, blandiendo uiui enorme maza se alza un indio gigantesco (jue ciñe un blanco mandil cuajado de puntos negros; y un general, todo blanco, airado y ceñudo el gesto, la blanca barba se mesa tirándose de los pelos. Iás arriba, entre el follaje de un bosque verde y espeso, ve brillar como dos ásotias los ojos de uu iiegfo viojo que le laira y que se ríe, mostrándole al mismo tiempo sus dientes de cocodrilo y uii maüser flamante y iuie o. Y un yankée de pelo rabio, íjordiflón, prosaico, feo, con nu cerdo bajo el brazo, cou ademán canallesco, ge le ríe, se le burla y le insulta al mismo tiempo. Más abajo, la espingarda de un moro sucio, harapiento, implacable le persigue, buscando el pecho indefenso. Sobre las ondas azules de un mar tranquilo y sereno, una nave que se hunde entre crirjidos siniestros, y un coro de maldiciones que se elevan hasta el cielo. DIBCJO DE MEÍJACHIS l n señor calvo, nmy calvo, pero alégrete y risueño, le enseña un portamonedas vacio; y allá, en el centro de una nube negra, negra como el fondo cíe un tintero, se retuerce una visión extraña, que toma cuer o, y se agiganta, y se acerca, le señala con el dedo, y al fin le pincha, le pincha con una pluma de acero. Y el infeliz Presidente se agita y tiembla en su lecho, y murmura con angustia: ¡No puedo más, yo m e mnerol. Tú, Morlesín, las maletas. Pronto! Huvamos de Toledo! NAVAKRC) GÜ ZxVLVO