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ticos, Comediantes, Juecen, Escribanos, Ladrones, Suegras, Sobrinos (para ol (jne no tetiija liijofü, o t e etc. que formaIjan u n pintoresco mosaico de vicios y pecados, aguijoneando la irresistible curiosidad del cai) allero. Por fin, después de una larga excursión, pe detuvieron delante de una celda qu tenía este rótulo: Mecánico hereje; y pagaron. Allí estaba un hombrecillo de cuerpo seco y menudo, rodeailo de aparatos de mecánica; tornillos y ruedas, ejes y herramientas, émbolos y poleas. Era un verdadero laberinto. -Martín, ¿qué haces? pregunt le el diablo. -Señor permitidme ue guarde el secreto. ¡Te lo mando! ¡Ah! ¡Eres tirano, como todos los grandes! -Jüen; ¿qiié haces, repito? -Un aparato ingenioso. -A ver- -Dos ruedas combinadas por un sencillo mecanismo. ¿Para algún añlador? -No. IMirad Y montando con agilidad de acróbata 80l) re a (jucl cacharro íantAstico, salió de la celda y se penlió á lo largo del claustro con vertiginosa rapidez. El rey de aquellos subterráueos se quedó estupefacto, exclanuuido: A 1 mismo diablo no se le hubiera ocurrido! No habían transcurrido diez minutos cuando el niecánico hereje apareció por el lado opuesto lel claustro. Aquí el asoni) ro del diablo no tuvo límites. ¡Diez leguas en diez minutos! exclamó. Esto es jirecisamente lo que vem a á pedirte. Te has anticipado á mis deseos; la gracia cjue quieras. Xecesilo esa má uina. IV 1) Carbis volvi (í á ¡a tierra loco d (í alegría, (iespuós do haber finmido un gra, ve conq) romiso le snmisii m al diablo. -Mira, ml) rosio, le dijo á su d i a d o a soy conijiletaniente feliz. Sobre este apai alo, ue uo sé cómo se llama, podré ir y vt nir al convenio en pocos minutos. -Señor, ¿pero tanto corre? -No corre, vuela. Tú lo verás. Enceudií) el farolito, de cristales r jos como la luz de aíinellos antros, montó sobre la mác uina y salió disparado or la cuesta ahajo, en tanto que An ibrosio y las gentes ¡ne veían acjuéllo exclamaban: ij. o t- i mismo diablo! l ero ¡av! ue al cruzar el prado de San Eermín encontróse el caballero con una ronda de cuadrilleros lel Santo Oficio, que echando mano de las tan arrogantes como inútiles tizonas, arremetió contra él para darle caza, suponiéndole un ser s ibrenatural, y giilando: costumbre que de generación en generación han ido heredando las i) ersonas y los ¡la chapa! ¡La el apa! guardias. Pero el c al) allero si. suió su vertiginosa carrera sin hacer el menor caso de aípn Hos ignorantes cuadrilleros, y tomando car retera adelante se ¡lerdió en las ond ilaciones del camino, ine alumliraba la luz indecisa del creiiúscnlo vespertino. Hoy, del mecanismo de ucjuel hereje no se asombran más que los cuadrilleros. ExuKHi: LÓPEZ MAKÍN OiBCJOs i) B L S T E V A N