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COSAS DEL DIABLO D. C a r l o s de Chelva era un joven aristócrata de la c o r t e de Felipe lll, enamorado de liUcinda, cierta noble doncella á la que había jurado amor eterno, dedi candóle todos los e n t u s i a s m o s de una juventud llena de pasiones y rodeada de lionon- s y riquezas. Una a v e n t a r a galante en la casa de no sé qué cele hre c o m e d i a n t a del teatro del Príncipe, había colocado al de Chelva entiente del hermano de la mujer amada. Kl duelo era inminente, las consecuencias, terril les. D. Carlos era la mejor espailn que lucía BU blasonada c- x n leta por las gradas de San Felipe, y todns los que tenían conocinuento del lance asejiurabaii que el de Silva, el bennano de la noble doncella, llevaba de antemano la peor parto. Hoy, aquella cuestión personal hubiera termhiado en un acta que, á modo de lejía l éjiix, lava las? honras lejándok s limpias é impecables como si salieran de la colada; pero en acpiel entonces se hilaba más delgado, V no 1l abía más que una reparación de las mutuas ofensas: el duelo. Y, en efecto, el de Silva murió de una íonuidable estocada que le asestó 1 Carlos.