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o mc v- o REVISTA AXO VI ILU 5 TRADAf NUM. 280 M A D R I D 2i DK OCTUHHT D E 1896 ESPAÑA VIEJA wa v, v. tfer -vLA (nriA A DK MKN A A unos dos mil pusos do la liistórica ciudad de Antequera, y á la izquierda de la carretera que nduoe á (irauada, existe uno do los monumentos célticos más notables con uo cuenta nuestra nación, tan riea en vestigios arqueológict) s y en reliquias artísticas de otras edades. Ilustres arqueólogos lian hedió objeto de sus investigaciones al dolmen antequerino, conocido vulgarmente con el nombre de Cueva de Men fa, conviniendo todos en que es el más soberbio o,i emplar de los templos druídicos existentes en Esj aña. Puede calificarse de dolmen complicado cubiertos encerrado en un túmulug semiesférico. Mide veinticuatro metros de longitud, y está formado por treinta y una piedras de dimensiones colosales: cinco de ellas sirven de techo, apoyadas sobre las veinte que forman los muros; dos sirven de jambas de entrada, y están perfectamente descubiertas y visibles en el grabado; el í ondo do la cueva está formado por una piedra grande agujereada, y, finalmente, tres pilares grandes ayudan á sostener on el centro del monumento la colosal pesadumbre de la cubierta. La entrada de este antiguo templo está situada al Oriente, como cumple á la liturgia céltica, y la piedra mayor del monu mentó tiene, según cálculos, 27 pies de longitud, 23 de latitud y 4 y medio de es esor, 2.700 pies cúbicos de volumen, y 11.170 arrobas de peso. Aunqxie la Cueva de Menga fué declarada monumento nacional hace algunos años, nada se ha hecho para su restauración, y hoy se encuentra en completo abandono. rot ici, rfw ¡li la por I) Juan Barrera