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gimos soldados indígenas de la Guardia civil veterana conduciendo sospechosos á la Eeal Fuerza de Santiago. La Guardia civil veterana, compuesta en su mayoría de indígenas filipinos y m a n d a d a por oficiales del ejército español, h a prestado valiosísimos servicios antes de llegar á los puntos sublevados el grueso de las columnas leales. La mayor parte de las bajas ocurridas en los primeros encuentros pertenecen al benemérito instituto, y contra SUS dignos individuos, así como contra los frailes, descargó la saña de los insurrectos en los primeros instantes de la rebelión. Completamos nuestra iníormación con varios retratos de actualidad palpitante, y que sin duda alguna somos los primeros en publicar. Es el primero el del virtuoso fraile agustino Evdo. P. Fray Mariano Gil, párroco de Tondo, que descubrió la insurrección antes de que estallase, poniendo sobre aviso á la autoridad. Díjose primero que una mujer había hecho la grave confidencia al P. Gil; noticias posteriores atribuyen dicha confidencia á un cajista del Diario de Manila. El cajista fué á ver al P. Gil, á quien manifestó que en dicha imprenta trabajábase en la confección de folletos clandestinos y se conspiraba ocultamente. El cajista indicó adem á s el lugar donde los conspiradores guardaban las planchas de los folletos y las papeletas de suscripción para armas. El P. Gil lllíVlíRKiVno P A B K E J- BAY M A K I A N O OIT, escondió al cajista denunciante én su convenía y fué á ver al sePÁRROCO DK TO r) 0 gundo cabo, general Echaluce, quien le dijo tomara algunos guardias veteranos y fuera á reconocer la imprenta. El fraile no aceptó 1.1 indicación del general por no llamar la atención, prefiriendo decírselo al dueño de la imprenta, que es u n comandante de Infantería. É s t e se negaba á creerlo, y ambos fueron á registrar los escondrijos denunciados por el cajista. El fraile recogió los documentos hallados y se los llevó al juez. Publicamos seguidamente el retrato del Excmo. Sr. D. Bernardo Echaluce y Jáuregui, general segundo rabo y gobernador militar de Manila, de cuya bravura y enérgicas dotes de mando se hacen lenguas lo mismo el general Blanco en sus despachos que los viajeros y periódicos venidos de allá en el último correo. El general Echaluce batió á los insurrectos en San J u a n del Monte, fusilando sobre el campo á cuatro de los principales cabecillas; El Excmo. é limo. Sr. D. Vicente Garlos- Eoca, comandanHL GEIÍEIÍAL E C H A L U C E t e general del apostadero y esD. V I C E J S T T E C A M O S- K O C A GOBERNADOR MILITAR DIO 5I AXICA cuadra de Filipinas, mereció COMANDANTE GENÜRAT. DEL APOSTADERO plácemes de l a r e i n a y del general Beránger por la acertada defensa que del arsenal de Oavite hizo en los primeros momentos, mandando bombar dear asimismo la iglesia de Ca- vite Viejo, donde se hicieron fuertes los rebeldes. Lo mismo en aguas de Oavite que en el curso del río Pasig, la marina española h a probado su heroísmo de siempre, y la fuerza de Á desembarco cruzó la primera sus disparos con los insurrectos tagalos y mestizos. ii I K El general de brigada D. Nicolás Jaramillo y Mesa es otro de los bravos caudillos que mandan nueíítras tuerzas en el II. NICOLÁS TAB. iMlI. LO D EKAB- CISCO PINTOS COKOXEL DE LA GUARDIA CIVIL GENERAL DE BRIGADA