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El conflicto del agua amenaza tener los caracteres de una plaga sin ejemplo en la historia de Madrid, y es tal la inminencia del peligro, que ya no cabe ni que las autoridades se aperciban ni que los vecinos se prevengan, porque si hombre prevenido vale por doss, claro es que con nuestras prevenciones duplicamos la población de Madrid para los temibles efectos del consumo del agua potable. No cabe duda que los elementos, si no han llegado á desencadenarse sobre la villa y corte, por lo menos empiezan á volverle la espalda. Este verano se dijo que nos quedábamos sin aire; pronto nos va á faltar el agua; luego, precisamente á la entrada del invierno, comenzará á escasear el fuego (del patrio hablo) y no faltan pesimistas que aseguren que al cabo y al fin nos quedaremos sin tierra, por lo menos al otro lado de los mares. Abramos, no obstante, á la esperanza nuestro pecho. Si en los asfixiantes días de Julio no nos faltó el aire respirable, ¿cómo ha de faltarnos el agua en los días lluviosos del otoño? Y si jamás se apagó el fuego patrio en los pechos españoles, ¿no podemos dar por bien segura la tierra de allende los mares? Así, en efecto, puede razonar el cronista, pero no los ingenieros, peritos, zahori es y otro personal no menos ducho, quienes aseguran que el Lozoya está dando sus últimas boqueadas, que los antiguos viajes no bastan para el actual consumo de Madrid, y que una de dos, ó llueve antes de quince días, ó empezamos á morirnos de sed como si estuviéramos en pleno arenal africano. La autoridad municipal, los ingenieros del Lozoya y algunos diarios han puesto al público en autos de lo que ocurre, para que cada cual economice el agua de sus menesteres, dilatando en lo que se pueda el estallido del conñicto. Mas esto oh respetabilísimos señores I es no conocer el corazón humano del consumidor. En cuanto hemos sabido que nos íbamos á quedar sin agua, todos acudimos á las fuentes con más premura que antes, cada quisque jjrocura hartarse de una cosa que va á desaparecer muy pronto, y el agua se gasta, se tira y se derrocha, porque ¡para lo que ha de durar! Con esta censurable conducta del vecindario contrasta notablemente la previsión y el celo de la autoridad. ¿Qué hace? dirá el lector. ¿Lavarse las manos? De ningún modo; eso seria emplear el agua en malos usos, ya (jue ahora todo lo que no sea beber está mal visto. Las fuentes públicas no corren más que de día, para evitar murmuraciones nocturnas; en el ramo de fontanerías y alcantarillado se hacen grandes economías acuosas, así como en todos los ramos de la Administración municipal, de los cuales se preocupa el conde de Montarco, ya como jardinero, ya como alcalde; finalmente, se han suprimido los riegos casi por completo; y si D. Rafael del Riego resucitase, es probable que volviésemos á ahorcarle en la plaza de la Cebada. Todos cua, ntos medios conduzcan á proveer de aguas potables á Madrid serán acogidos. con pública gratitud y hasta con positiva recompensa por el Ayun- tamiento. Ya lo saben, pues, los arbitristas de la clase de zahoríes. Ahora, lo preciso es que se presente una nube de ellos, porque con la nube encima, agua segura! Ya. hay quien propone como recurso extremo la toma (en dosis) del estanque del Retiro, cuyo recuerdo serla fiesta nacional como la toma de la Bastilla en Francia, ó bien la supresión de los derechos de consumos para las botellas de aguas minerales; y aun hay quien piensa que en estas circunstancias debe levantarse la prohibición de hacer aguas en las esquinas y rincones de esta villa del oso, que i ay I ¡ojalá fuera la villa del camello! porque así tendría más aguante y soportaría la sed mucho mejor. LUIS ROYO VILLANOVA DIBUJOS DB CILLA