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MADRID DE NOCHE UNA PELUQUERÍA EN SÁBADO Cuando el repartidor ó el vendedor de nuestra Revista lleva los sábados á la peluquería abonada el ejemplar que acaba de salir de nuestras máquinas, son muchas las manos que se estienden hacia él entre el olor de los cosméticos y el rifl- rafe de las tijeras. Y con esto no queremos hacer un elogio de nuestro periódico, sino una pintura de loa ocios é impaciencias por que pasan los parroquianos en tardes tan concurridas y en veladas tan interminables como las del sábado de los peluqiieros. Si el lector no es supersticioso ni maniático, vaya á la peluquería los miércoles ó los viernes, días en que la parrocjuia no concurre pox- que son tenidos por nefastos, y tenga la seguridad de qiie saldrá bien peinado y afeitado pronta y perfectamente. Mas si deja la toilette de sus mejillas para el último día de la semana, ya puede prepararse á guardar largo y pacífico turno; deje para entonces la lectui a de los periódicos, porque tiempo le quedará de sobra para echarse al cuerpo todos los de Madrid; y si me permite el lector que siga aconsejándole, escámese mucho cuando vea que uno, dos y tres de los que le preceden se dejan pasar el niimero; 3 siguiendo aquel santo ejemplo, déjelo pasar también, porque eso es señal de que el mancebo que acaba de desocuparse es el peor de la peluquería y sólo se avienen con él los duros de pellejo ó los blandos de corazón. El sábado de las peluquerías es una prueba plena de que el pueblo de Madrid es esenciabnente dominguero; la población vaga es lo de menos, aunque es la que más bulle; la mayoría del público enciérrase en la oficina, en casa ó en el taller durante toda la semana; sólo al avecinarse ol día de precepto se acuerda del aseo personal, tantas veces incompatible con el trabajo, y corre á la peluquería á acicalarse, con la esperanza de que la raya del pelo, la brillantina y las guías del bigote duren aún para lucirlas al día siguiente dando el brazo á la mujer hacendosa y llevando á los chicos á misa de doce á San Sebastián ó á San Ginés. Nada más pintoresco que una peluquería en sábado, cuando se entra en el salón como turista, vamos al decir. Kada más pesado y terrible cuando va uno á servirse con la impaciencia y la prisa naturales; pues bien sabido es que nadie va sin prisa á la peluquería. LUIS BERMEJO Fotog. de M. Framen, hecha expresamente para BLAKCO Y NEGEO.