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fiestas; recuerdo COJUO una de las notas más sinij áticas aquel cordialísimo banquete con que nos obsequió la prensa genovesa en las cumbres del Kiglii, donde italianos y españoles asociamos nuestras ideas y nuestros pensamientos como si hubiéramos fundido en aquel acto toda una vida, haciendo votos de prosperidad por la suerte de nuestro Cristóbal Colón, que allá á lo lejos veíamos con el reposo de un gladiador que se prepara al combate, y al que saludábamos como un simpático pedazo de la patria. No recuerdo de una botadura tan feliz ni de un momento tan sensacional como el que precedió al lanzamiento gallardo y gentilísimo. Kl entusiasmo de todos rompió los diques de la etiqueta, y las manos y los brazos se tendieron en busca de cordiales saludos, en tanto loa ¡vivas á España I rasgaban los aires y las músicas entonaban nuestra Marcha real. Pusimos punto á las fiestas de Genova, á las infinitas atenciones de todos los periodistas y amigos particulares, qub si fueran, y yo particularmente por sus especiales atenciones hacia mí, á citarlas, ni había espacio para señalar sus cortesías, ni hueco para poner sus nombres; abandonamos Genova, la encantadora villa de Palavicini, y fuimos á Florencia, á la que tampoco llamaré ciudad del Dante ni délos Médicis, aunque muchos de mis compañeros desde que llegaron andaban por las calles tomando nota de todo, de edificios y estatuas, como si estuvieran levantando un embargo. Florencia es una tacita de plata; como las labores y las filigranas que hacen sus plateros, así es ella; es la st mrita de Italia. Todos sus monumentos, sus artes, Fon un encaje de una coquetería encantadora. y. B A K Q U E X i KN EL KIGHI Aquellas nmchachas gentiles de toilettes caprichosas y elegantísimas, con la artística cesta sembrada de ñores y recogida al brazo, que cruzan las calles colocando flores al paso de los hombres; las palomas que acuarteladas en la espléndida galería dei TJffici bajan al medio día á comer el pan del tourista; la espléndida recepción de la Sociedad de la Prensa, donde conocimos á las gentilísimas actrices Tina di Lorenzo y Carloni; la visita á Fiésole, deliciosa aldea inmediata á Florencia; la hospitalidad de la villa Kraus, son recuerdos que vivirán en mí toda mi vida, como inolvidables serán las atenciones de nuestros compañeros de labor periodística y las hidalguías de aquel pueblo. Y defiriendo á la invitación galantísima de la prensa de liorna, fuimos á la que me cuidaré muy mucho de titularla ciudad de los Césares. En Roma se unieron á nosotros los geniales Villegas, Pradilla, Serra, Viniegra, Trilles y algunos actuales pensionados. Programa espléndido de fiestas y recepciones brillantísimas. Vimos la Boma antigua con la unción y el fervor que impone aquel arte robusto, que acusa la virilidad de un pueblo que no ha tenido sucesión. La impresión más fuerte para el artista es sin duda alguna la visita al Colosseo en noche de luna. Allí, en el centro del Anfiteatro, en el silencio de la noche, la fantasía se agranda; se vigoriza y puebla con el pensamiento aquella inmensa gradería, en la que ruge y brama a, quel pueblo pidiendo la sangre inocente de los mártires. Pues aquel mismo pueblo crea obras inmortales en el Derecho, se apodera de la ley y transforma el arte. Villegas nos obsequió en su estudio con Manzanilla, Jerez y vinos de la tierra. Era aquel un paréntesis delicioso, un alto que hacíarnos en la jomada. Por la tarde salimos de Boma con sentimiento de abandonar tan pronto tierra tan hermosa. Por eso, cuando cruzamos la frontera, instititivamente nos pusimos en pie y volvimos la vista atrás; mandábamos á Italia nuestro último saludo. Luego el tren se puso en marcha, y la frontera se fué borrando LITIS G A B A L D Ó N