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ranza, se mantiene de lo que hará el día de m a ñ a n a cuando se decida á trabajar, y en tanto molesta á todo el mundo, fuma de esa gran petaca nacional que es inagotable, porque siempre que siente la necesidad de fumar pide u n pitillo al primero que pasa, come en el cuartel, duerme al raso ó en la posada de la soga, y así pasa la vida en espera de que sus aficiones se mejoren; y el día que, como él dice muy benévolamente, sienta la cabeza, se engancha para Cuba ó se va de bracero á Buenos Aires; pero este final es el menos frecuente. El golfo, las más de las veces muere de golfo impenitente. Este tipo se recluta en todas las clases de la sociedad; es u n parásito, y tiene muchísimas ramificaciones; sólo que cuando procede de arriba, se le llama además boquerón. Realmente, los otros, los trabajadores, los que como suele decirse se agarran á todo, que lo mismo venden periódicos que la pelota mágica, que á D. Genaro tocando el tambor, que los días de lluvia paraguas á diez reales, esos no merecen el nombre de golfos; es gente que se ocupa en algo; son elementos indispensables entre las empresas periodísticas, industriales, comerciantes, etc. y el público. Su comercio pequeño, pero comercio al fin, les da para la vida; tienen que sacudir la pereza, luchar con el frío del invierno que les curte el rostro, mal defendido por u n a bufanda, y arrastrar una vida penosa y de necesidades que ellos disimulan con un humor excelente, digno del más satisfecho de los burgueses. El maestro Chapí, cariñoso colaborador siempre del autor iní íSÍ, de El tambor de granaderos, h a salvado con sus genialidades de maestro los escollos que tiene el libro para ser, y valga la ESCENA X V I I frase, musicable. E s t á n en aquellos compases, de giros tan TOMÁS y CAK- ELA (Srta. Brú. caprichosos y originales, delineados los caracteres de la obra; TOMÁS. -1 Pero chico, estás guillado! viven dentro de aquellas notas en el mismo ambiente que ¡que rompes el instrumento! les dio el libretista, y ni por u n momento se separan, hasta el punto de que el compositor tiene que vencer dificultades enormísimas para llevar á la orquesta un número como el del organillo. No hay nada que esté más en oposición; lo primero es producto de una armonía, lo segundo es un mecanismo limitado por un cilindro, y sin embargo Chapí ha conseguido imitar, más que imitar, reproducirlo t a n fielmente en la orquesta, que la ilusión es absoluta, h a s t a el punto de que en la noche del estreno el público creyó que el organillo estaba oculto en la primera caja. ESCENA E I N A L MATÍAS. -Porque en esto de los golfos hay los malos y los buenos. El coro de golfos y los dos tercetos anteriores son tres piezas frescas é inspiradas, y acreditan, como siempre, la excelente marca de fábrica. La interpretación, excelente. Hay que felicitar á la empresa, porque con suerte ha empezado la temporada. Porque, para ser golfos, no se h a n portado mal. LUIS Fotografías de M. Franzea, hedías expresamente para BLA Co Y NÜÜRO durante la representación de la obra. GABALDON