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La Guardia civil persigue á los levantados, con notoria iniustieia sin duda, poi- que dan prueba de verdadero patriotismo los que cobran dinero enemigo y para justificar sn inversión disparan dos tiros al aire sin hacer daño á nadie ni á devguno, como no sea lá primo de Máximo Gómesi, que viene por acá con tales andróminas. Las regiones de Levante son, como es lógico, las más levantiscas, y por epla razón las montañas de Barcelona, la huerta de Valencia y el Alaestra go son el foco de las precauciones gubernativas. En cambio, se olvidan otras regiones donde se hace mayor daño á la patria, aunque con menos bullicio y exposición. Claro es que me reñero á los prófugos y desertores que desde las provincias marítimas ó limítrofes escapan á Francia ó van engañados á la América del Sur. Son más simpáticos los revolucionarios de mentirijillas qire en un vaso de agua forjan tempestades fili- embusteras, que esa cobarde juventud que hurta el cuerpo cuando de él necesita la patria. Entre el sublevado por horas y el prófugo pasado por aguas, es preferible aquél. Y en este concepto debía llevar menor castigo el que es cogido con armas en la mano que el que es capturado con las manos vacias, cuando en ellas debía llevar el fusil que le corresponde. Cuando los teatros comienzan á abrir sus puertas, es cuando al señor ministro de Hacienda le ocurre llenarlos de sellos. Esta oportunidad del ministro del ramo produjo en las empresas la natural excitación y el movimiento de protesta que sigue siempre en España á toda determinación del poder central. -Advertimos á V. E. que hemos pensado abrir nuestros teatros. -Me alegro mucho, y onento con ello para mejorar el Tesoro. -Pero es que V. E. ha inventado el sello, que es cosa de cerrar; y si abrimos los teatros, ¿cómo los sellamos? y si los sella mos, ¿cómo los abrimos? Tal es la horrible duda qiie estos días nos ha preocupado. ¿Dónde poner el sello teatral? ¿en las localidades? ¿en las lutradas? ¿en las narices del empresario? ¿en la frente de los actores? Al cabo y al fin todo se arregló, y el teatro por sellos, digo, el teatro por horas fuuciona como hace tres ó cuatro años, es decir, con las mismas obras, los mismos coristas y los mismos revendedores que disfrutábamos ya en aquella fecha. Con los sellos teatrales, los del impuesto de navegación y otros que irán saliendo, se nos quitará el dolor del empréstito, lo mismo que con los sellos de antipirina se quita el dolor de cabeza. El libro de la Deuda será el libro de los siete sellos Y la bula que disfrutan Eostchild y Compañía llevará su sello en cera roja, para que vea el país que aún hay aquí más cera que la que arde. Indudablemente, el progreso de las naciones es parecido al cangrejo de marras: un pez colorado que anda hacia atrás. Porque si en España, ó al menos en sus posesiones del Archipiélago, parece que hemos vuelto al año 33, en la Europa Oriental es todavía mayor el retroceso: parece que estamos en la época de las persecuciones. Los cristianos armenios son objeto de toda clase de tropelías por parte de las autoridades y del pueblo turcos, y es hora ya de pen sar si la media luna debe desaparecer de la culta Europa, ya que ha desaparecido hasta de las plazas de toros.