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¿Quién no conoce la lej enda de lady Godiva, cantada por tantos poetas y por tantos artistas pintada? Era una virtuosa y pudibunda dama medioeval, casada con el más feroz tirano de aquellas edades. Intercedió un día á favor de unos desgraciados, y el marido la dijo que les concedería el perdón si ella salía desnuda y á caballo por las calles del pueblo á plena luz del día. No vaciló lady Godiva en sacrificar su pudor por salvar la vida del prójimo, y sa, lió del castillo en aquella guisa; mas enterados y agradecidos los vasallos, encerráronse en casa, tapiaron puertas y ventanas, y el paseo se dio sin que ojos indiscretos se fijaran en la desnuda belleza de lady Godiva. Bueno; pues de un modo parecido va á hacer en París su entrada triunfal el Czar de todas las Rusias. El Gobierno vecino ha empezado á conmemorar el suceso metiendo en la cárcel á todos los mendigos, sospechosos, indocumentados y demás gente maleante de toda Francia. Y como quiera que en París han de centuplicarse las precauciones, es posible que el Czar no vea á su entrada en la capital de la República más que puertas y ventanas cerradas, barras, candados y ceiTojos por todas partes, y espaldas de gendarmes que, cara á la pared, vigilan mirando á los tejados. Ante espectáculo semejante habremos de reconocer que es lógica y natural la unión de Francia democrática con Rusia despótica. El anarquismo ha descubierto esa afinidad. Y al cabo y al fin, estando en Septiembre, en Vendimiarlo, según el calendario francés, ¿no está indicado que el miedo guarde la viña? -Cuando usted viene yo vuelvo, podrá decirle al Sr. Cánovas el Sr. Sagasta si se encuentran en el camino de Avila á Madrid, yendo á San Sebastián el presidente del Gobierno y regresando á la corte el jefe de los liberales. Mas ¡ay! que la ida de D. Antonio (á quien muchos suponen ido antes de marcharse) es menos sensible que la vuelta de D. Práxedes con toda esa impedimenta de bultos que le ha hecho la prensa á puros golpes. A pesar de lo cual D. Práxedes volverá fresquísimo, tan fresco, que si pudiera prestarle su frescura al presidente como le prestó sus votos para salir del atolladero parlamentario, no tendría necesidad D. Antonio de ir á San Sebastián á tomar aguas después de tomar dinero en Madrid, penoso oficio á que se dedica ahora, según manifestó á los periodistas. ¿Y de eso se apura usted? dirá Sagasta; ¿no encuentra usted cuartos en Madrid? ¡si hay desalquilados tantísimosl- -Bueno, ¿y en qué lo ha conocido usted? -En los papeles. -Pues esa es la dificultad, que al buscar cuartos sólo papeles encuentro: papeles en Cuba (con curso forzoso) pápeles en el Banco, papeles en París, papeles en los proyectos de Castellano y de Reverter, cuando lo que yo quiero es dinero acuñado. Al oir esta última palabra, D. Práxedes no podrá menos de estremecerse pensando en Maura y en D. Germán. Ya está botado el Cristóbal Colón; y el mes que viene será la reprisse de la botadura del Infanta María Teresa; pronto estará el Carlos F armado y equipado, y empezarán á venir de Inglaterra los destroyers de la casa Thompson, mientras Armstrong se encarga también de otro buquecito para España. La gratitud de la patria, tardía siempre pero segura al cabo, acabará por erigir al ministro una columna rostral adornada con proas de los navios inservibles como no vayan las cosas por otro lado y obsequiemos al general Beránger con un curador de pródigos. r. nts ROYO VILLANOVA DIBUJOS DE CILLA